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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 719

Otros no lo entenderían, pero Lucas sí. Ese jade suave era del material que la familia materna de Abril usaba para hacer los anillos de los patriarcas. Naturalmente, era de la más alta calidad. Aunque no fuera un tesoro invaluable, para la familia Jara tenía un significado especial.

Y pensar que Rafaela se lo había regalado a alguien de la familia Cruz.

—A una extraña le regalas algo insignificante y le prestas atención, ¿pero a tu propia nieta ni la miras? Viejo chocho, ¿ya ni reconoces a tu propia gente?

Todos sabían a quién iban dirigidas esas palabras.

En ese momento, Amanda intervino.

—Aunque el regalo sea modesto, es un gesto de corazón de Penélope. El valor material es poco, pero el afecto por Omar es grande. Además, Penélope es solo una muchacha de familia humilde, ¿cómo va a saber de estas cosas? Señor Jacobo, no hay necesidad de ser tan duro y cruel…

—¿Cruel? Solo digo la verdad. No vaya a ser que alguien no sepa cuál es su lugar y piense que puede venir a cualquier sitio. Señora Ortiz… más le vale no olvidar la lección. Dios los cría y ellos se juntan…

—Cuando un lugar no te corresponde, lo mejor es quedarse donde perteneces.

Penélope bajó aún más la cabeza…

Se mordió el labio, sin decir una palabra.

La escena le resultaba familiar a Rafaela, como si ya la hubiera vivido.

¡Ah!

Ya recordaba.

Cuando Liberto entró por primera vez al Grupo Jara y asistió a este tipo de eventos, también fue humillado de la misma manera, sin atreverse a decir nada. Aunque… su reacción en ese entonces fue diferente. No se inmutó y expuso los trapos sucios de las familias de quienes lo habían insultado, dejándolos a todos sin palabras.

Rafaela buscó instintivamente la reacción de Liberto. Lo localizó de inmediato. Justo en el momento en que sus miradas se cruzaron, él, como si hubiera sentido su vista, le dedicó una leve sonrisa.

Rafaela apartó la mirada, inexpresiva.

—Gracias por su consejo, señor Fernández. Yo… lo recordaré… —dijo Penélope con una voz apenas audible, como un susurro. Sus dedos se aferraban al borde de la caja, tan fuerte que los nudillos se le pusieron blancos.

Maritza miraba a su alrededor, buscando algo. Al ver a Fabio a su lado, se apartó con disgusto, como si temiera contagiarse de algo.

A lo lejos, Alonso también le lanzó una mirada de advertencia.

Rafaela no escuchó el resto de la conversación, porque… con la tarjeta de la habitación en la mano, se dirigió a otro lugar.

Mientras esperaba el elevador, vio a un mesero pasar con un traje blanco. El diseño del cuello y los puños le dio un mal presentimiento.

Liberto, que la había seguido, la detuvo justo cuando iba a entrar al elevador.

—¿Eres muy amiga de Fabio? —Rafaela se vio acorralada contra la puerta del elevador. Todo el piso estaba reservado y la mayoría de la gente estaba en el salón principal, pero no se podía descartar que alguien más bajara.

***

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