—Sí, estoy bien —su voz sonaba más ronca y algo débil.
Rafaela no le dio mayor importancia; supuso que era porque acababa de salir de una cirugía y aún no se recuperaba del todo.
Pero Carolina, después de salir de la habitación, no se fue muy lejos. Se escondió tras la pared junto a la puerta, escuchando la conversación. Se tapó la boca con la mano, conteniendo las ganas de llorar.
—Espera un momento, voy a ver si todavía me queda.
Miguel respondió: —De acuerdo.
Rafaela se levantó de la cama y, descalza, fue al vestidor. Abrió la puerta corrediza y encendió la luz. Sus cosas ocupaban todo el espacio. —Espera un poquito, tengo muchas cosas y necesito buscarla.
—Sí.
Rafaela dejó el celular a un lado y activó el altavoz.
—Por cierto, aparte de la Pomada Pureza, ¿necesitas algo más?
Al escuchar su voz, una ola de nostalgia infinita lo inundó. Sabía que estaba usurpando un lugar que no le correspondía, pero ansiaba escucharla un poco más, aunque fuera solo por un segundo.
En realidad, nunca debió haber reaparecido para perturbar su vida…
—Tú… ¿estás bien?
Era una pregunta casual, algo que se le diría a un amigo sin mayor implicación, pero a él le costó un mundo pronunciarla.
—No me malinterpretes, solo quería saber si ya se solucionó lo de la asociación.
Rafaela contestó: —Sí, ya casi está todo arreglado.
—La verdad es que ya no me preocupa. Han pasado muchas cosas últimamente…
Rafaela hablaba mientras buscaba, pensando que conversar podría distraerlo. Sabía que, por la condición de ‘Edgar’, no podía recibir anestesia, y que cada cirugía de reconstrucción era para él un infierno, un dolor que pocos podían soportar.
—Sí, quiero encontrar a alguien…
Rafaela solo sabía que su padre lo había enviado a un conservatorio en el extranjero, y que el destino final era Francia.
Aunque a ella misma no le quedara mucho tiempo, quería saber de él. En su vida anterior, no haberlo encontrado fue su mayor pesar…
Un pesar que había mantenido oculto en el fondo de su corazón durante años. Ni siquiera Liberto lo sabía, como tampoco sabía el verdadero significado del globo de nieve que él le había robado en su vida pasada.
Si lo sacaba a relucir de nuevo, era solo por esa obstinada necesidad de cerrar un ciclo…
***
En ese mismo instante, en otro lugar.
El teléfono fijo en manos de Mauricio seguía sin ser respondido. Sin embargo, en el de Liberto, la línea de Rafaela aparecía como ocupada. Una llamada tras otra, el resultado era el mismo. Después de media hora, al último intento, el teléfono ya estaba apagado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...