—Sí, estoy bien —su voz sonaba más ronca y algo débil.
Rafaela no le dio mayor importancia; supuso que era porque acababa de salir de una cirugía y aún no se recuperaba del todo.
Pero Carolina, después de salir de la habitación, no se fue muy lejos. Se escondió tras la pared junto a la puerta, escuchando la conversación. Se tapó la boca con la mano, conteniendo las ganas de llorar.
—Espera un momento, voy a ver si todavía me queda.
Miguel respondió: —De acuerdo.
Rafaela se levantó de la cama y, descalza, fue al vestidor. Abrió la puerta corrediza y encendió la luz. Sus cosas ocupaban todo el espacio. —Espera un poquito, tengo muchas cosas y necesito buscarla.
—Sí.
Rafaela dejó el celular a un lado y activó el altavoz.
—Por cierto, aparte de la Pomada Pureza, ¿necesitas algo más?
Al escuchar su voz, una ola de nostalgia infinita lo inundó. Sabía que estaba usurpando un lugar que no le correspondía, pero ansiaba escucharla un poco más, aunque fuera solo por un segundo.
En realidad, nunca debió haber reaparecido para perturbar su vida…
—Tú… ¿estás bien?
Era una pregunta casual, algo que se le diría a un amigo sin mayor implicación, pero a él le costó un mundo pronunciarla.
—No me malinterpretes, solo quería saber si ya se solucionó lo de la asociación.
Rafaela contestó: —Sí, ya casi está todo arreglado.
—La verdad es que ya no me preocupa. Han pasado muchas cosas últimamente…
Rafaela hablaba mientras buscaba, pensando que conversar podría distraerlo. Sabía que, por la condición de ‘Edgar’, no podía recibir anestesia, y que cada cirugía de reconstrucción era para él un infierno, un dolor que pocos podían soportar.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...