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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 765

Ahora, hasta podía ser nombrada egresada distinguida. Rafaela sentía que era un verdadero milagro.

Afuera, la discusión continuaba.

—No eres la única que invirtió dinero en el taller. ¿Acaso no se te dio tu parte de las ganancias?

—¡Si te parece poco, no lo aceptes!

—Te lo digo claro: si te quieres salir, puedes hacerlo, pero ni sueñes con recuperar los cien mil pesos que pusiste. No eres la única que ha perdido dinero. Y si te quieres ir ahora, nadie te detiene. No sé quién era la que al principio rogaba por entrar. Además, la mayor parte del capital del taller vino de inversionistas que consiguió Penélope, ¿qué tiene que ver contigo? —Cristina también tenía un temperamento explosivo. Estaba harta de que todos los que antes soñaban con hacer una fortuna y superar al Grupo Jara, ahora, por una simple disputa de dinero, se estuvieran desmoronando y quisieran abandonar el barco.

—¡Cristina, no te pases! Tú eres la que se encarga de hablar con los clientes y tu amiguita Lorena maneja las finanzas. Una tiene la información clave de los clientes y la otra controla el dinero del taller. Si de verdad no se estuvieran robando nada, ¿cómo te explicas esa bolsa tuya de cien mil pesos? Te advierto que si no aclaras esto hoy mismo, voy a llamar a la policía…

—¡Pues llama! ¿Crees que te tengo miedo?

—Por culpa de este maldito taller, reprobé materias, tengo que recursar y a lo mejor ni me puedo graduar. Y encima perdí dinero. Cristina, ya me las pagarás.

El profesor no podía controlarlas. La chica que acababa de discutir salió corriendo de la oficina y, al abrir la puerta, se encontró de frente con Rafaela y el señor Pablo. Rafaela ni siquiera las miró y presionó el botón del elevador para bajar.

—No te acompaño —dijo el señor Pablo—. Piensa en lo que te dije… y cuando decidas, me avisas.

—Claro que espero que sea algo que esté dentro de tus posibilidades, no te presiones demasiado.

Regresó a su departamento cerca de la universidad, eligió el tema para su próximo libro, definió la dirección que tomaría y se puso a prepararlo todo.

Cuando se sumergió en el trabajo, el cielo se oscureció sin que se diera cuenta. A las nueve y media de la noche, el sueño comenzó a vencerla.

Salió del baño, se secó el pelo y, en cuanto su cabeza tocó la almohada, se quedó medio dormida.

Justo entonces, sintió la vibración de su celular debajo de la almohada. Con los ojos cerrados y muerta de sueño, contestó sin ver quién llamaba. —¿Quién habla? —preguntó, con la voz cargada de cansancio.

—¿La señora Padilla se duerme… tan temprano? —La voz de él, al otro lado, era profunda y agradablemente grave.

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