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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 800

Después de la cena, Liberto se inventó una excusa perfecta para hospedarse ahí mismo.

Rafaela subió a su piso y, al salir del elevador, no lo esperó. Caminó rápido por el pasillo, pero Liberto la seguía a paso tranquilo, manteniéndose siempre a un par de metros detrás de ella.

Sentía su mirada clavada en la nuca y eso la ponía nerviosa.

Sacó la tarjeta para abrir rápido y dejarlo afuera…

Pero Liberto ya se la sabía. Por más rápida que fuera ella, él fue más ágil. La agarró de la cintura y, con un movimiento suave, no solo le quitó la tarjeta, sino que la metió con él a la habitación… Todo pasó en un segundo. Cuando Rafaela reaccionó, ya estaba contra la puerta y los insultos que le iba a soltar se quedaron ahogados en su garganta…

Liberto se inclinó un poco para alcanzarla y la besó de golpe.

Se transformó en una bestia en cuestión de segundos.

Mientras la besaba, se desabrochó el saco negro y los botones de la camisa, tirando la ropa al suelo sin dejar de besarla.

Rafaela no podía hablar, solo lo fulminaba con la mirada, resistiéndose. De reojo, vio la cicatriz en el hombro de él cuando se quitó la camisa; una marca fea a sus ojos.

Él solo la soltó cuando sintió que a ella le faltaba el aire. Rafaela lo miraba con resentimiento, respirando agitada, con el pecho subiendo y bajando rápido…

—Esta vez no tardaré mucho, no necesitas tomar nada.

—¿Probamos?

Su vestido estaba hecho pedazos por todos lados. Ahora traía puesto un camisón. En la penumbra del cuarto todavía se sentía esa atmósfera densa, cargada de un aire vergonzoso que no se podía explicar.

Se paró frente al espejo y se bajó un poco el cuello de la ropa, viendo las marcas rojas en su piel blanca. Frunció el ceño… En el espejo vio cómo el hombre se acercaba sigilosamente por detrás y la abrazaba por la cintura. Rafaela tenía cuerpazo y buena estatura, pero en los brazos de él se veía chiquita…

—A ver —dijo Liberto mirando su reflejo. La expresión de ella al fruncir el ceño le parecía encantadora. Recién levantada y después de lo que pasó, tenía un aire seductor que no se le quitaba, se veía espectacular.

—Tengo hambre —se quejó ella con tono mimado.

—Ya sé, espera un poco, ya viene la comida.

Cuando él la cargó de regreso a la cama, Rafaela miró por el ventanal. Vio una silueta moviéndose en una habitación de la villa de enfrente. Luego… vio cómo arrastraban o cargaban a una mujer. Rafaela sabía perfectamente en qué posición la llevaban. Solo echó un vistazo y apartó la mirada; la vida privada de los demás no le interesaba.

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