Rafaela tomó los dos libros de la mesa y se levantó con una sonrisa, sus labios rojos se curvaron con arrogancia.
—Lo siento, pero se les acabó la oportunidad. Yo… me arrepentí.
Se acercó, quedando frente a ellas.
—Profesor Pablo, retiro lo que dije. Tanto la asociación como el taller de restauración de joyas, los tomaré yo.
»Después de todo, siempre fueron míos…
Cristina la fulminó con la mirada.
—¡Rafaela! ¡No te pases de la raya!
»¡Por qué vienes a robarnos lo nuestro! ¿Acaso te volviste adicta a quitarle las cosas a los demás?
»Le robaste el novio a Penélope, ¡y ahora también quieres robarnos la asociación…!
»¡Qué cínica eres!
—¡Cristina! —se levantó el profesor Pablo, indignado—. ¡Cuida tu actitud!
Rafaela frunció los labios, fingiendo una expresión de dilema.
—Vaya, pues acertaste. Me encantan las cosas de los demás. Después de todo… lo que no se puede tener es siempre lo mejor.
»¿Y qué si es la inversión del Grupo Jara?
»Para mí, es tan fácil como pedirlo. ¿Acaso es tan difícil?
Dicho esto, Rafaela exclamó un «ah» y, antes de irse, les dijo:
—Por cierto, antes de que asuma oficialmente el control de todo, más les vale que despidan a toda esa gente incompetente que tienen.
»De lo contrario… será muy desagradable cuando venga a hacerlo yo misma.
Rafaela pasó junto a ellas con aire de superioridad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...