“¡Cállate la boca! ¡No digas estupideces!”
La mirada de Sofía pasó por el rostro de Leandro. “Ah, y Leandro también fue su cómplice.”
“Supongo que si salió hoy para morir en la calle, quiere llevarse a Leandro con usted para que le haga compañía.”
“¡Tú...!” Cristina no pudo soportar el impacto de sus palabras y se desmayó en los brazos de Leandro.
La mirada fría y asesina del hombre se clavó en Sofía.
“Qué atrevida te has vuelto, Sofía. Hablas y amenazas con tanta facilidad. Ten cuidado, o te voy a coser esa maldita boca.”
Sofía soltó una carcajada cargada de sarcasmo. “Mejor preocúpate por tu mamá, por tu fiel Alberto y por tu querida Isa.”
“Sofía, si vas a hablar, más te vale tener pruebas. Si sigues calumniando a mi madre y a mi prometida, te voy a demandar por difamación. Y entonces, quiero ver quién va a venir a salvarte.”
Leandro lanzó una mirada fulminante hacia Lorenzo.
Isabel, entendiendo la indirecta a la perfección, saltó para echar más leña al fuego.
“Sofía, se te acabó la suerte. ¡No creas que podrás depender de la protección de Lorenzo la próxima vez!”
Lorenzo había estado callado todo el tiempo, lo que dejaba más que claro que ya no sentía nada por ella.
Si intentaban destruirla de nuevo, ¿quién la defendería?
Sofía siguió las miradas de ambos y observó a Lorenzo.
Isabel aprovechó el momento para rematar: “¿Tienes miedo? ¿Ya estás pensando en cómo volver a enredarlo para que te proteja? Pues te aviso: Lorenzo es el interés romántico de mi cuñada, Lucía Corona. Tú sabes lo espectacular que es Lucía. Teniéndola a ella, Lorenzo jamás volverá a mirarte.”
“¿De verdad?”
“Por supuesto,” respondió Isabel, inflada de orgullo. “Ayer mi cuñada habló con él y le dijo que le daría la oportunidad de conquistarla.”
¿Habían avanzado tan rápido? ¿Ya estaban en eso?
Ese giro sí que la tomó por sorpresa.

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