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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 262

Cristina observó detenidamente el rostro de Isabel.

Cuando se portaba bien, era encantadora, frágil y despertaba unas ganas inmensas de protegerla. Cristina acarició su cabello ondulado color matcha y le devolvió la sonrisa.

Isabel frotó su barbilla contra el hombro de Cristina.

"¿Me podrías prestar un poco de dinero?"

Aprovechando que Cristina se quedó sin palabras, Isabel comenzó a quejarse: "Leandro me compró una farmacéutica para fundar Farmacéutica Amoris. La inversión inicial es de diez mil millones. Mis padres aportaron cinco mil y yo debería poner el resto, pero en estos últimos tres años apenas logré ahorrar poco más de mil millones. Me falta muchísimo capital".

Meses atrás, había mencionado que, por culpa de Cristina, tuvo que pagar millonarias multas por incumplimiento de contratos y hasta pausar su carrera. Todas sus desgracias eran culpa de su suegra. Lo mínimo que Cristina podía hacer era compensarla.

Estaba segura de que Cristina tenía una fortuna escondida. Una mujer tan calculadora, con treinta y siete años de matrimonio a sus espaldas, debía tener su propia bóveda de oro.

Pero Cristina no dijo ni una sola palabra.

Fue Leandro quien sintió pena por ella y le ofreció una solución con voz suave.

"Aunque mis fondos están congelados por mi padre y no puedo mover grandes cantidades, Javier Quintero y Pablo Ponce estarán felices de ayudarte. Ya hablé con ellos; prestarte mil millones no será ningún problema".

A Isabel se le iluminaron los ojos.

¿Cómo no se le había ocurrido pedir dinero prestado? Si no tenía los fondos, simplemente los conseguiría de otros.

Javier y Pablo la adoraban. Esos dos hombres cruzarían fuego y agua por ella. Solo bastaba con pedirlo, y ambos le entregarían sus tarjetas negras sin límite de crédito para que gastara a su antojo.

Leandro, siempre atento, también preguntó por su familia.

"¿Tu hermano Adán ya regresó de su luna de miel con Yanina Solis?"

"Llegaron ayer", respondió Isabel mientras sacaba su teléfono para revisar sus redes.

"Adán se unió a la familia Solis. Como sus parientes más cercanos, debemos darle una mano. Habla con él sobre el dinero que te falta y ofrécele la oportunidad de invertir. Que empiece su propio negocio para que, con el tiempo, la familia Solis no lo acuse de ser un mantenido".

Las palabras de Leandro la hicieron reaccionar.

Tenía razón. A lo largo de los años, Adán había fracasado en absolutamente todo lo que intentaba. Invertía en un hotel, y apenas lo construían, había un terremoto; abría un club de golf, y el campo estaba más vacío que el desierto; metía dinero en una financiera, y terminaba demandado por fraude...

Lo único que sabía hacer era quemar el dinero de su familia como si pagara colegiaturas a la vida. Su pobre familia, de clase media, había sufrido demasiado por sus fracasos.

Pero ahora, con Leandro dispuesto a guiarlo, la oportunidad de cambiar su destino había llegado.

Si Adán sacaba dinero de Yanina para invertir en Farmacéutica Amoris y le daban un puesto de gerente o algo similar, podría recibir dividendos millonarios. Se convertiría en un hombre de éxito.

Sí, por fin dejaría de ser un fracasado.

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