Llevaba unos pantalones cortos de cuero ajustados, sin medias. Sus piernas lucían pálidas, delgadas e infinitamente largas.
Javier se quedó paralizado mirándola, pero Pablo asomó la cabeza de inmediato. "¡Por supuesto que sí! Javier y yo somos tus mejores amigos. Cuando estuviste en el hospital por culpa del ataque de Sofía, te prometimos que haríamos lo que fuera por ti y que no dejaríamos que nadie te volviera a lastimar".
Pablo deslizó una tarjeta bancaria sobre la mesa.
"Aquí hay una fortuna. Es la herencia que me dejó mi abuelo. Tómala toda. Úsala como quieras y devuélvemela cuando puedas, sin prisa".
Su oferta era genuina, pero comparado con la montaña de millones que necesitaba, eso era solo una gota en el océano.
Isabel bajó la mirada, mostrando una tristeza desgarradora.
"¿No es suficiente?", preguntó Pablo, preocupado.
"No... Aún me faltan tres mil millones. Mi hermano Adán tal vez pueda conseguir dos mil millones, pero todavía necesito otros mil millones para cubrir el resto".
¿Tanto dinero? Pablo se mordió el labio y giró la cabeza hacia Javier. "¿Y tú? ¿Cuánto dinero le conseguiste a Isa?"
Javier sacó una tarjeta platino. Sin embargo, su aporte tampoco era suficiente. Había vendido tres de sus mansiones con vista al río y un auto deportivo de colección para reunir los fondos, pero aún faltaba mucho.
Pablo se acarició la barbilla, pensativo. "Bueno... tengo un compañero de la universidad que trabaja en una compañía financiera. Voy a llamarlo a ver cuánto nos puede prestar".
Javier extendió la mano rápidamente. "Pregúntale por mí también. Dile que puedo poner mi empresa de suplementos como garantía".
"Hecho", dijo Pablo, y salió corriendo de la sala para hacer la llamada.
Isabel fingió vergüenza. "Javier, ¿no será demasiada molestia para ustedes?"
Javier le sonrió con adoración. "Con tal de ayudarte, estoy dispuesto a quedarme en la ruina".
"¡Gracias!"
Las palabras de Javier encendieron a Pablo, quien empezó a hablar con efusividad y a gesticular con las manos.
"¡Exacto! Tú no eres como Sofía Valdivia. Tú eres dulce, buena y siempre tratas bien a todos, por eso la gente te corresponde igual. A las personas buenas siempre hay alguien dispuesto a ayudarlas. En cambio, esa bruja de Sofía es una víbora despiadada. Ha hecho tantas cosas terribles que todo el mundo huye de ella como de la peste".
Irónicamente, en ese preciso momento, la "despiadada" Sofía estaba a punto de hacer algo de lo que Pablo se arrepentiría por el resto de su vida.
Al día siguiente, Sofía dejaría temporalmente Ciudad del Mar para regresar a Rosarito.
Elena la llamó por teléfono. Primero le pidió consejos sobre fertilidad, quejándose de que llevaba años de casada sin poder concebir, a pesar de que sus exámenes médicos salían perfectos. Tras terminar de hablar de remedios caseros, Elena le contó sobre su nueva situación laboral.
[¡Lo siento mucho, Doctora Valdivia! Mi esposo y yo ya no iremos a Rosarito. Me asignaron para trabajar exclusivamente con la señora Cristina Montero. Seremos dos empleadas atendiéndola solo a ella. Es un trabajo muy relajado y conveniente.]
El corazón de Sofía dio un vuelco. Tras meditarlo un instante, le hizo una propuesta a Elena.
[Yo te pagaré tu sueldo completo, pero necesito que me hagas un favor...]

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...