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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 266

Sentado sobre el fuerte brazo de Lorenzo, Sebastián le dijo con seriedad: "Cumpliste tu promesa y trajiste a mi mami a casa sana y salva. ¡Gracias!"

Lorenzo le pellizcó suavemente la mejilla. "Entonces es hora de que recibas tus regalos. Voy a cumplir mi segunda promesa".

Lorenzo desvió la mirada hacia donde estaba Sofía.

"Anita, tu tío compró muchísimas cosas. Espero que encuentres algo que te guste".

Ana, aún aferrada al hombro de Sofía, murmuró: "Si a mami le gusta, a mí también me gusta".

Por primera vez en días, Sofía vio asomar la sonrisa que Lorenzo había perdido.

"Entonces, Sofi, tendrás que portarte muy bien y asegurarte de que te guste absolutamente todo, para que tu hija pueda quedarse con muchos regalos".

"Gracias", respondió Sofía con suavidad.

Lorenzo bajó la mirada y caminó hacia la entrada con Sebastián en brazos.

Sofía lo siguió con Ana. Entraron por la puerta principal, pasaron por el sendero junto al tobogán y finalmente llegaron a la sala.

Ferrer, que estaba en la cocina preparando la cena, salió corriendo con un delantal puesto para recibirlos.

"¡Qué alegría que ya estén de vuelta! Todo está perfecto".

"Hiciste un buen trabajo estos días", lo elogió Lorenzo. "Mira a mis dos bebés, están súper sanos y gorditos".

Ana levantó su cabecita con curiosidad.

Lorenzo aprovechó para tomarla por el bracito. "Ven con tu tío, vamos a ver los regalos".

"Mami...", dudó Ana, volteando a ver a Sofía en busca de permiso.

"Ve, mi amor", dijo Sofía pasándosela a Lorenzo. Él la atrapó al vuelo, sosteniendo a un niño en cada brazo.

Se puso en cuclillas con los dos pequeños, y sus guardaespaldas procedieron a abrir las maletas.

"¡Guau!"

Ana quedó maravillada ante la inmensa cantidad de dulces y golosinas exóticas.

"¿Te gustan?", le preguntó Lorenzo sonriendo.

"¡Sí!"

"Entonces, a comer".

"Mami...", volvió a preguntar Ana, buscando aprobación.

Normalmente, no les permitían comer muchos dulces. Su mamá siempre decía que les quitaba el apetito y les picaba los dientes.

"Pueden comer", dijo Sofía con una sonrisa radiante. "Pero después tienen que lavarse los dientes".

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