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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 287

Leandro podía manipularla y atraparla en sus redes sin ningún esfuerzo.

Como sabía que no podía ganarle y temía caer en sus trampas, lo único que quería era huir.

“Suéltame, tengo que ir a casa.”

Leandro aún no terminaba. “Todo lo que dije hace rato frente al quirófano fueron puras tonterías.”

La miró fijamente, casi como si hiciera un juramento.

“Cuando en el futuro te embaraces con nuestros hijos, pediré licencia para acompañarte. Estaré contigo en todo el proceso y, cuando des a luz, entraré a la sala de partos contigo...”

“¡Cállate!”

Con el rostro ardiendo y las mejillas al rojo vivo, Sofía giró la cabeza.

Pero Leandro continuó. “Hace tres años, cuando me ahogaba en un dolor del que no podía salir, me arrodillé en tu funeral y pedí un deseo. Prometí que, si me daban una oportunidad para volver a empezar, jamás volvería a dejar que enfrentaras las tormentas de la vida tú sola.”

“¡Vete al diablo!” gritó Sofía, con los ojos llenos de lágrimas.

Sentía como si le clavaran un puñal en el pecho.

Y ya no sabía quién era el verdadero asesino.

Leandro era un bastardo. Se había aliado con Isabel, siendo cruel y despiadado.

Y al mismo tiempo, los recuerdos del pasado no tenían compasión. Los malvados siempre sabían cómo usarlos. Con solo escarbar un poco en la memoria, Leandro era capaz de arrastrarla de vuelta al infierno de antaño, torturándola hasta el límite.

No estaba dispuesta a soportar un segundo más junto a ese hombre.

Si no la soltaba, estaba decidida a tirar la comida y enfrentarse a él a golpes.

De repente, Leandro sacó una tarjeta bancaria y la metió en el bolsillo del abrigo de Sofía.

“Cuando nos divorciamos, te di cien millones. Dejaste la tarjeta en tu maleta y no te la llevaste.”

“Tramité una nueva a tu nombre y la he llevado conmigo por mucho tiempo.”

“Tómala. Gástala como quieras, pero asegúrate de seguir haciendo ruido. Trabaja, provócanos a Isabel y a mí, haz que tu presencia se note. Bien, ahora vete, ten cuidado de camino a casa.”

“¡Estás loco!”

Sofía sacó la tarjeta y se la tiró a la cara.

Escuchar esas palabras solo le confirmaba que ese hombre había perdido el juicio.

Ella echó a correr, y Leandro fue tras ella intentando darle la tarjeta.

En medio del forcejeo, el envase de sopa de Leandro cayó al suelo.

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