Leandro agarró la vía intravenosa y, de un tirón seco, se arrancó la aguja por su cuenta.
Al bajar de la cama, sus largas piernas fallaron. Cayó de cabeza hacia adelante, aterrizando en el estrecho pasillo que llevaba al baño.
Rápidamente estiró los brazos y se retorció, intentando estabilizarse a trompicones.
¡Pum!
Su cabeza chocó de lleno contra la fría pared.
Un golpe seco.
El sonido sordo retumbó en sus oídos.
Con la vista borrosa, se apoyó contra la pared. Una vez que recuperó un poco el equilibrio, se tocó la frente. La piel le ardía como si estuviera en llamas; dolía al más mínimo roce.
Caminó apoyándose en los muros hasta entrar arrastrándose al baño.
Al ver su reflejo en el espejo, notó que se le estaba formando un pequeño chichón azulado en la frente.
El impacto había sido brutal.
Seguramente en menos de una hora, el pequeño bulto se convertiría en un moretón enorme.
¿El imponente presidente de un gran grupo corporativo, con un cuerno en la frente?
Jeje... En el espejo, le pareció que su propio reflejo se burlaba de él.
Se quitó la chaqueta, soltó su cinturón, se bajó los pantalones y se arrancó los calcetines. De pie y descalzo bajo la regadera, abrió el agua helada, dejando que empapara todo su cuerpo para forzar a que bajara la inflamación.
Estaban en pleno invierno, a punto de llegar a un grado centígrado.
Al terminar, sus manos temblaban mientras intentaba subirse los pantalones; sus piernas también tiritaban al meterlas por las perneras.
Poco a poco, hasta sus labios temblaban de puro frío.
Desde la habitación del hospital, se escuchó la voz de Pablo: “Leandro, ¿dónde estás?”
Había vuelto después de tramitar el alta.
Leandro estaba tiritando tanto que no podía hablar, y se apoyó torpemente en la gélida pared.
Se escucharon pasos apresurados entrando a la habitación, un grupo de personas.
“El paciente tiene una intoxicación etílica. Acaba de ingresar y ya se quiere ir, esto es muy peligroso”, dijo la voz de un doctor.
Pablo respondió con una risa nerviosa. “Lo entiendo, pero tenemos un asunto urgente que resolver. Si algo pasa, será bajo nuestra propia responsabilidad.”
El médico advirtió con tono severo: “El paciente debe descansar estos días. Dieta blanda, cuidar el estómago y tratar de recuperar fuerzas.”
“Entendido. Gracias, doctor.”
Los pasos del grupo médico se alejaron.

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