Ambas eran mujeres, ambas se habían casado con hombres de la misma familia.
Ambas eran nueras de la misma suegra, ¿por qué había tanta diferencia en el trato?
Ximena veía a Susana abrazando a Sofía, consolándola entre lágrimas, y sentía que los ojos le ardían.
¿Cuándo la había tratado así Susana?
Incluso cuando tuvo un parto natural dolorosísimo para dar a luz a su hijo de casi cuatro kilos y lloraba del dolor, Susana solo se limitó a secarle las lágrimas y acomodarle un poco el cabello.
Jamás había recibido el trato y el amor que le estaban dando a Sofía.
Bzzz...
El sonido de una notificación interrumpió sus pensamientos. Ximena le entregó su robusto hijo a la empleada y revisó el teléfono de inmediato.
Era un mensaje de su diosa, Isabel Molina.
Inconscientemente, Ximena frunció el labio y unas lágrimas amenazaron con salir.
Los extraños la trataban mejor que su propia familia. Su suegra no se daba cuenta de sus celos hacia la familia de Sofía. Estaba relegada a un rincón junto a su hijo y su suegra ni siquiera se había percatado.
En cambio, Isabel, alguien que no era de su sangre ni de su familia, se preocupaba por ella a la distancia.
La voz de Isabel en el teléfono era suave y comprensiva.
—Ximena, ¿cómo te sientes? He estado pensando mucho en ti, me tenías preocupada.
Ximena respondió con la voz quebrada:
—¡Gracias! Isa, eres un ángel.
Isabel, fingiendo preocupación por el futuro del niño, le preguntó:
—Oye... ¿Ya has tomado alguna medida para asegurar el futuro de tu hijo?
Ximena miró de reojo a Sofía y a su suegra, que seguían abrazadas y charlando afectuosamente.
La imagen le dolió en el alma.
Apretó los puños y respondió:
—Ya empecé a hacer algo.
Isabel la apoyó con entusiasmo:
—Eres una madre increíble, así debe ser. Tienes que recuperar todo lo que le pertenece a tu hijo y no dejárselo a los extraños.
—Gracias.
—Espero buenas noticias de tu parte.
—Claro que sí.
Isabel soltó una alegre risita:
—Yo también tengo una buena noticia que contarte. Al rato, mi esposo me va a llevar a ver vestidos de novia, ¡e incluso invitó a mis padres para que nos acompañen!
Ese tipo de cosas solían ser muy privadas.
La gente común rara vez tenía el privilegio de escuchar a su ídola compartir algo así.

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