Leandro estaba a punto de volverse loco.
Su expresión era una mezcla indescifrable entre una mueca de dolor y una risa histérica.
—De verdad doy pena. Tu mamá me odia y me quiere muerto, y tú también me odias y me quieres muerto.
—¡Leandro Corona! —Sebastián levantó de nuevo su pequeño puño—. Cuando crezca y sea de tu tamaño, ¡te voy a atravesar el corazón!
¡Madre mía!
Leandro enseñó los dientes.
—Toda esa agresividad que te cargas... hay que admitir que se parece mucho a como era yo de niño. Tenemos bastantes cosas en com...
Sebastián lo interrumpió de golpe.
—¡Cállate! Yo soy hijo de Lorenzo Lira, ¡me parezco a él!
El rostro de Leandro se oscureció y volteó a ver a Sofía.
—Esto no se queda así. Voy a estar esperando el resultado de esa prueba de paternidad. Cuando lo tengas, más te vale llamarme tú misma. Voy a disfrutar muchísimo burlándome de tu hijo y devolviéndole el favor.
Se cubrió el trasero con la mano y dio media vuelta.
Sofía se le quedó viendo de reojo; la tela oscura del pantalón tenía una pequeña mancha húmeda.
Quizás por el dolor, se alejó caminando con las piernas abiertas como si estuviera montando a caballo.
A Sofía le invadió el miedo de golpe.
—Mi amor, lastimar a las personas está mal. Prométeme que no volverás a hacer algo así, ¿entendido?
Sebastián entrecerró los ojos mientras observaba la espalda de Leandro a lo lejos.
—Si él se atreve a molestarte, juro que acabaré con él. ¡Ya lo verás!
Ese incidente se le quedó clavado a Sofía en el pecho.
En cuanto Lorenzo se enteró y regresó corriendo, la encontró sentada en una mecedora, contándole todo con voz calmada.
A Lorenzo no le preocupaba en lo más mínimo que Sebastián hubiera reaccionado de forma agresiva.
Para él, si Leandro se moría, pues se moría. Un patán como él solo gastaba oxígeno.
Lo único que Lorenzo miraba con atención era el tobillo hinchado de Sofía.
Ella, sintiéndose expuesta, escondió el pie debajo de su vestido.
—Estoy bien. Mejor piensa en cómo lidiar con tu cuñada. Hoy, frente a todas las mujeres de tu familia, exigió a gritos que les hiciéramos una prueba de paternidad a los niños.
Lorenzo se acuclilló, sacó suavemente el pie de Sofía y sujetó el tobillo con firmeza para revisarlo con cuidado.
—De la prueba de paternidad no te preocupes. En unos días le aventaré una en la cara a Ximena para que cierre la boca.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA