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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 501

—¿Por qué insistes en acosarme esta noche? ¿Acaso terminaste con tu amante y ahora vuelves arrastrándote, esperando mi lástima?

El rostro de Lucas Lira era un témpano de hielo. La miraba como si fuera la peor de las mujeres, la más traicionera del mundo. Sus ojos estaban llenos de un asco profundo.

¡Era demasiado!

Hacía apenas un mes, ese mismo hombre la miraba con absoluta devoción.

Estuvieron juntos cinco años. Era un hombre que la deseaba cada noche antes de dormir, que la buscaba a primera hora de la mañana. Un hombre que no se conformaba con amarla dos veces por noche, que estaba perdidamente obsesionado con ella y no podía soltarla.

Y ahora, por el simple hecho de haberse divorciado y haberse alejado un mes, él... le lanzaba puñales con la mirada. La estaba lastimando.

No podía soportarlo.

Pero no iba a ceder ni a mostrarse débil ante Lucas.

—¿Qué te pasa por la cabeza? Ya me divorcié de ti. No pienses ni por un segundo que voy a dar marcha atrás para buscarte.

Lucas respondió con una frialdad cortante: —Entonces, por favor, apártate. Y de paso, te sugiero que repases los grandes discursos de independencia que diste antes y después de nuestro divorcio. Asegúrate de cumplirlos.

Ximena se mordió el labio con fuerza.

Seguía siendo igual de frío.

La ignoraba, ya no le mostraba ni el más mínimo respeto.

Respiró hondo y contraatacó con terquedad: —Don Zabdiel y yo estamos muy bien. Nos amamos profundamente y estamos muy unidos, así que no te atrevas a insinuar que nos hemos separado.

—Por favor, apártate —repitió Lucas, demostrando que no le importaba en lo absoluto.

El corazón de Ximena se hundió, pero insistió: —Zabdiel me propuso matrimonio.

No apartó la mirada de Lucas ni un segundo.

Si tan solo él mostrara una mínima reacción en su rostro, una pequeña señal de que le importaba, ella dejaría de fingir tanta dureza.

Pero Lucas ni siquiera parpadeó.

—Felicidades. Espero que logres tu deseo de convertirte en la esposa de Don Zabdiel.

El ascensor llegó en ese momento. Lucas la esquivó, llevando a Jazmín Vidal en brazos, y entró con paso firme.

Jazmín descansaba en los brazos de aquel hombre imponente. Se veía tan suave como una nube blanca e inmaculada, y el elegante traje negro de él hacía resaltar aún más la blancura y pureza de su vestido.

Aquella imagen fue como ácido para los ojos de Ximena, que se llenaron de lágrimas.

Tomó otro ascensor y bajó rápidamente al estacionamiento.

Lucas no le debía nada.

Pero ella sentía que se estaba volviendo loca por su culpa. Necesitaba encontrar una salida, algo que la salvara de su propio sufrimiento.

Después de tantos años de matrimonio, lo conocía a la perfección. No le costó ningún esfuerzo encontrar el auto de Lucas.

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