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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 511

Era el tercer día de adaptación de Sebastián y Ana en el jardín de niños.

Un nuevo estudiante llegó a la Clase Fresa.

La profesora Soler sostuvo los hombritos de la nueva alumna y la presentó: —Ella es Valentina Vargas, ¡denle la bienvenida, pequeños!

De los 20 niños en la Clase Fresa, solo 18 aplaudieron.

Después de clases.

Sebastián se acercó al pequeño pupitre de Valentina Vargas. —Valentina, tenemos que hablar.

Valentina apretó sus pequeños labios.

Se paró contra la pared afuera del baño, con las manitos en la espalda y la cabeza baja.

—¿Acaso no eres Valentina Molina? —preguntó Sebastián inflando su pechito.

¡El comportamiento de Valentina Molina siempre había sido pésimo!

Había hecho de las suyas junto a Leandro Corona —que era como su tío y a la vez su figura paterna—, lo que causó que él y su hermana fueran expulsados de su antiguo jardín de niños y se quedaran sin estudiar hasta ahora.

—Yo... —De repente alzó la voz—. ¡Ya cambié!

Valentina Vargas levantó su cabecita. —Mi abuelo me cambió el nombre, ahora me llamo Valentina Vargas. Además, me enseñó que debo ser honesta y recta. ¡Ahora soy muy buena con los demás!

Sebastián dudó.

¿Debería creerle a Valentina Molina?

Solo se había cambiado el nombre. Su aspecto físico seguía igual: regordeta, con la carita redonda, los ojitos hundidos entre sus mejillas como dos pequeñas canicas, y una gran barriguita.

Además, no sabía si era cierto lo que le había enseñado su abuelo.

Para saber si de verdad había mejorado su carácter, tendrían que convivir un poco.

Pero convivir con ella tenía sus riesgos.

¿Y si seguía siendo tan terrible como antes...?

Sebastián miró a Ana, que lo esperaba sentada en su sillita.

Su hermanita quería ir al jardín de niños desde hacía mucho tiempo.

A la bisabuela Zafira le había costado mucho organizar su entrada a esta escuela tan increíble.

Él quería que se quedaran ahí, para jugar felices con los otros niños.

Pero temía que la llegada de Valentina volviera a poner a su hermana en peligro.

Valentina se mantenía pegada a la pared, con las manitos en la espalda, luciendo bastante dócil.

—Sebastián, hagamos las paces los tres —dijo con un tono tierno, pero palabras muy maduras.

Sebastián se quedó pensando.

Valentina hizo un puchero.

—Así los tres podremos venir al jardín de niños.

Capítulo 511 1

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