—Yo...
Al ver el rostro puro y frágil de Sofía, Leandro recordó la cruda verdad de sus peores años.
Ese calvario inimaginable.
Esa era la parte de Sofía que nadie veía.
Él nunca la había notado, y por eso siempre creyó que ella era invencible. Cuando presionó a Iván para que la despidiera de la clínica, lo hizo pensando que Sofía era tan capaz que rápidamente conseguiría algo mejor.
Pero ahora, al saber por todo lo que había pasado, sentía que no era digno ni siquiera de pronunciar una sola palabra para justificarse.
Leandro bajó la mirada.
Sebastián se apresuró a acusarlo con Sofía: —Se escondió entre los otros papás para intentar acercarse a mi hermanita y a mí. Seguro su plan con Isabel Molina falló y ahora quiere hacernos daño o planear algo sucio. ¡Yo llamé a la policía para que lo arresten!
Sofía se puso en alerta máxima.
—Leandro Corona, ¿estás planeando secuestrar a mis hijos?
No sería la primera vez que veía algo así.
Los propios padres de Iván habían sido capaces de atrocidades similares.
Las personas perversas hacían cualquier cosa por dinero o poder.
—No es eso, te lo juro. No te asustes —murmuró Leandro, alzando la vista un segundo.
—¿Ah, no? ¿Entonces a qué viniste? —escupió Sofía, furiosa—. Estás podrido por dentro, ¿acaso acercarte a mis hijos puede traer algo bueno?
—... —No supo qué decir.
Sus pecados eran demasiado grandes.
Leandro se quedó allí parado, cabizbajo, dispuesto a aceptar cualquier insulto o castigo que ella quisiera imponerle.
Lorenzo tocó el brazo de Sofía suavemente. —Tranquila, yo me encargo.
A Sofía se le hizo un nudo en la garganta. —No quiero volver a ver a este desgraciado.
Leandro no escuchó las palabras con las que Lorenzo consoló a Sofía.
Estaba hecho pedazos.
Esa sola palabra con la que Sofía lo describió fue suficiente para aniquilarlo por dentro.
La policía llegó e hizo su respectiva investigación.
Leandro entregó sus identificaciones y aclaró la situación.
Los oficiales calmaron a Sebastián, que había hecho el reporte, y cerraron el caso rápidamente.
—¡Policía! Yo quiero que se lo lleven —insistió Sebastián, frustrado—. ¡Leandro Corona es un hombre muy malo! Siempre hace cosas terribles.
Ana también se sumó a las quejas: —¡Llévenselo a la cárcel! Todos los niños le tienen miedo.
Lorenzo y Sofía cargaron cada uno a un niño, protegiéndolos.


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