—Pero cuando la encontré, ya estaba muerta. Muerta de verdad, y nunca más volverá.
Leandro se emocionó: —Señor Lira, ¿eso significa que me ayudará?
Si esa persona había muerto para siempre, debía sentir el mismo dolor eterno. En cambio, Leandro había recuperado a Sofía; aún tenía una oportunidad.
Al haber pasado por una tragedia similar, Yael seguramente podría empatizar con su dolor.
Pero luego, Leandro reflexionó: ¿Por qué Yael Lira querría ayudarlo a él, un completo desconocido?
Y, tal como lo sospechaba...
Yael Lira se levantó y dijo con total indiferencia:
—Joven, eres muy honesto y tu actitud es digna de respeto.
—Señor Lira...
El corazón se le heló.
Él ya no tenía orgullo.
No le importaba el respeto.
Solo quería recuperar a su Sofía y a sus pequeños.
Sin embargo...
—Lo que me has confiado esta noche se quedará conmigo. Sigue con tus asuntos a tu propio ritmo. El corazón y el carácter definen a un hombre. Estoy seguro de que serás un buen esposo y un buen padre.
—¡¿Señor Lira?!
Yael Lira le hizo una seña con la mano. —No es necesario que me acompañes. Seguro tienes mucho que hacer, ve y ocúpate de tus asuntos.
Al ver esa figura imponente alejarse, sintió la barrera infranqueable de un verdadero patriarca.
Leandro perdió toda esperanza.
No podía perder más el tiempo. Se sentó y empezó a llamar a Sofía...
Mientras tanto, el chofer de Yael Lira lo llevó de vuelta a casa.
Lorenzo seguía allí, radiante de felicidad. Al ver a Yael entrar, se levantó de un salto para recibirlo.
—Tío Yael.
—Mhm.
Era raro que Yael respondiera con tanta afabilidad. Lorenzo se le acercó aún más. —¿Tienes buenas noticias esta noche? Se te nota de muy buen humor.

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