Su maravilloso hijo no era pobre, ni feo, ni inútil; no le faltaban pretendientes como para tener que casarse con una mujer divorciada y con dos hijos de otro matrimonio.
La mirada penetrante de Ricardo Lira seguramente lo atravesaría.
Lorenzo se desanimó un poco. —Es cierto, la mayoría de los padres se opondrían al enterarse.
Pero...
Él sentía que sus padres no eran así.
—A mis papás les encanta Sofi, la tratan como si fuera su propia hija.
—Aman profundamente a Sebastián y a Ana. Si no los ven por unos días, me piden que los traiga para pasar tiempo con ellos.
Aunque Sofía estuviera divorciada y tuviera dos hijos, eso no cambiaría el amor que sus padres sentían por ella y los niños.
Lorenzo estaba seguro de ello.
Yael Lira, sin embargo, respondió: —No le temes a la inestabilidad porque naciste y creciste en el entorno absolutamente seguro que nuestra familia te proporcionó. Nunca has tenido que preocuparte por nada, todos te protegen y te respetan.
—En cambio, Sofía, la persona en cuestión, tiene un historial completamente opuesto al tuyo.
—Fue abandonada desde el momento en que nació. Cuando era un bebé recién nacido, terminó abandonada en las profundidades de Sierra Alba; su vida fue una lucha desde el primer día.
—Sus propios padres biológicos quisieron destruirla.
—Una vida que nunca fue bienvenida ni valorada... su llegada al mundo fue puro caos y tormento.
Las palabras de Yael fueron como una epifanía.
Lorenzo empezó a sentir pánico.
Él conocía a la perfección todo el sufrimiento que Sofía había soportado en su vida, lo cuidadosa que tenía que ser mientras vivía de arrimada en la casa de Leandro Corona, y cómo el amor de ambos había sido destrozado sin piedad.
Lorenzo confiaba ciegamente en sus padres.
Pero... era inevitable que, al enterarse de la verdad, se sorprendieran, hicieran preguntas, investigaran el pasado de Sofía y... también a Leandro.
¿A cuántas personas tendrían que interrogar?
¿Cuántas heridas del pasado tendrían que reabrir?
Cuando los sentimientos se hacen añicos, reconstruirlos toma mucho tiempo.
Sus padres tendrían que conocer a Sofía desde una perspectiva completamente distinta y tardarían en procesarlo todo.
Y Sofía, una mujer marcada por una vida llena de dolor, era sensible y extremadamente cautelosa.
Al primer signo de problemas, seguramente entraría en pánico.

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