Sofía jamás imaginó que el día comenzaría siendo tan solitario y agotador, lleno de momentos difíciles, pero que terminaría volviendo a casa cargada de regalos y con el corazón ligero.
Al cruzar la puerta de la casa, sintió una gran paz. Con mucha alegría, les mostró las cosas a su familia.
—¡Tarán! ¡Ya llegué!
En la sala, dos adultos y dos niños corrieron a recibirla.
Celeste agarró rápidamente las bolsas de comida, babeando.
—¡Por Dios! ¿Compraste toda la tienda de la esquina? Trajiste muchísimas cosas.
Ferrer tomó las otras bolsas llenas de baratijas. Se asomó para ver el contenido y frunció el ceño.
—Doctora Valdivia, ¿dónde compró todo esto?
Eran cosas muy variadas, como recuerdos baratos que se compran en un lugar turístico. Teniendo en cuenta que Sofía había estado fuera todo el día... ¡Aquí había gato encerrado!
Sofía no notó la preocupación de Ferrer, estaba muy ocupada dándole los muñecos a Sebastián y Ana.
—Me los regalaron —respondió ella alegremente.
Ana abrazó al muñeco que era casi de su misma estatura, sus ojitos se convirtieron en medias lunas de la emoción. Se puso de puntitas para asomar un poco su cabecita por encima del peluche.
—¡Mami! ¡Este muñeco soy yo!
Sofía acarició su cabecita.
—Sí, mi amor. Los hicieron en una fábrica basándose en tus fotos.
Ana puso el muñeco en el suelo y lo ayudó a mantenerse de pie. Lo miró con los ojos muy abiertos por la admiración.
—¡Guau! Mami, soy muy linda, ¿verdad?
—Sí, mi princesa es preciosa.
Ana cargó el muñeco de nuevo, caminó dando pasitos torpes hacia Sofía y le preguntó levantando la cara:
—Qué bonita muñeca... ¿Quién te la dio?
—Ah... un señor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA