Poner el dedo en la llaga de otros era algo que a las mentes retorcidas como ella les daba un placer enfermizo.
Además, quería averiguar qué tanto tenía Sofía.
Para exigir una indemnización alta, la otra parte debía tener con qué pagar.
Y si Sofía no podía pagarles, siempre podían ir a exprimir al papá de los niños.
Las personas que estaban cerca, al escuchar esto, empezaron a murmurar.
"Esas madres solteras muchas veces tienen problemas."
"Con razón andan por ahí agarrándose a golpes con la gente. Tienen conductas horribles."
"Pagar los gastos médicos no va a ser suficiente. Seguramente terminará tras las rejas."
"Y si la condenan, a saber qué va a ser de sus pobres hijos."
"Pues que los manden a un orfanato, van a estar mejor cuidados ahí que con ella, que ni dinero tiene..."
Sebastián y Ana estaban bajo unos adornos tradicionales que colgaban del techo, jugando con un pequeño gato y una pelota roja.
Pero en ese momento, la cabeza de Leandro Corona asomó por las escaleras de bambú.
Los dos niños abrieron los ojos de par en par.
Ana se recargó asustada contra el hombro de Sebastián. "Hermanito, ¿ese señor malo nos va a hacer cosas feas otra vez?"
Sebastián rodeó la cinturita de su hermana.
"No tengas miedo."
Ana hizo un puchero. "Pero... esos señores malos estaban peleando con mami allá afuera... y Leandro... Leandro ya llegó."
Sumarse al equipo de los malos y atacar a su mamá para hundirla; esa era la clásica estrategia de Leandro Corona.
Donde él aparecía, llegaba el daño.
Sebastián levantó a Ana por la cintura y la alejó de la orilla de la escalera, caminando con algo de torpeza, hasta dejársela a Celeste.
Luego se giró para buscar su pequeña mochila.
Sacó su espada de juguete, la que Lorenzo le había regalado en su cumpleaños, y se la guardó en el bolsillo grande de su pantalón.
Corrió con sus piernecitas hacia donde estaba Sofía.
Toda la comida servida en la mesa de la casa de Karina quedó ignorada.
Todos tomaron asiento, listos para juzgar a Sofía.
Como Esteban se estaba tardando bastante, Camila aprovechó para hacerle plática a Leandro.
"La ciudad es tan moderna y bulliciosa. A mí me encantaría irme a trabajar allá."

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