Entrar Via

VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 719

La más pequeña, rosadita y adorable, estaba arrodillada en la silla grande con sus piernitas cortas, sosteniendo un conejito dorado entre sus manitas. Los niños más grandes saltaban a su alrededor, también con sus conejos de jade, jugando con ella.

—Sebastián, Ana, estos conejos de jade son para ustedes —dijo Leandro, mirándolos con una dulzura inmensa.

Valentina fue la primera en reaccionar. Se abalanzó hacia adelante y escondió su carita en las piernas de Leandro.

—¡Tío Leandro, tío Leandro, tío Leandro~!

Después de los mimos, miró los enormes conejos de jade y arrugó su naricita. —Son muy grandes.

Leandro se lo explicó con voz suave: —Estos son mejores, están hechos con gemas del sur.

Valentina, muy seria, le aclaró: —Tío, a Sebas y a Ana les gustan los conejitos chiquitos.

—Mira~ como el mío.

Leandro sonrió y miró a los mellizos. —Los grandes son mejores.

—Pero... no van a poder cargarlos.

La dulce mirada de Leandro se posó sobre Sofía. —Dáselos a su mamá, ella sí puede cargarlos.

Valentina frunció el ceño mientras acariciaba las enormes orejas levantadas de uno de los conejos.

—A la doctora no le van a gustar.

Leandro alzó una ceja. —¿Ella te lo dijo?

Valentina trató de explicarle la situación como si fuera el maestro: —Mira, tío, los conejos son demasiado grandes y no son tiernos, se ven un poco tontos.

¡Jajajajaja!

La gente a su alrededor estalló en carcajadas. Leandro también rio. —Los conejitos pequeños ya se agotaron.

Varios grandes empresarios palmearon el hombro de Bruno Salinas. —Director Salinas, el negocio está arrasando.

Bruno levantó la mano y el gerente de atención al cliente se acercó.

—Ve y saca una bandeja del almacén.

El gerente bajó la voz y le recordó: —Señor, los que están en el almacén son la reserva para los próximos tres días de celebraciones por la inauguración.

Los cien ejemplares destinados a los invitados de esa noche ya se habían repartido.

Literalmente, no quedaba ni uno.

Bruno siempre había sido estricto con las reglas, jamás las rompía.

Sin embargo, Bruno echó un vistazo a Sofía, que estaba muy ocupada, y decidió hacer una excepción ahí mismo.

—No importa, ve y tráele una bandeja completa a los dos bebés de la doctora Valdivia.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA