—Exacto —asintió, con un brillo de esperanza regresando a sus ojos—. Sé que mi nieta mayor es un partido excelente; aquel a quien ella valora, sabrá valorarla.
Su ánimo mejoró. Y entonces, fue directo al grano.
—Mireya, me siento verdaderamente mal. ¿Podrías pedirle a tu doctora personal que me revise?
Su rostro pálido le daba un aspecto genuinamente enfermizo, así que Zafira asintió.
—Déjame preguntarle a Sofi. Mañana empieza a trabajar en la farmacéutica y debe estar ocupada preparándose; ni siquiera ha pasado a verme hoy.
Zafira le pidió el teléfono a Luciana, quien también le entregó sus anteojos. Mientras marcaba el número, la Señora Salinas intercambió una mirada significativa con Amalia. Amalia intervino con un tono curioso:
—¿Así que la doctora tiene otro trabajo?
—¡Por supuesto! —respondió Luciana orgullosa.
—Vaya, qué mujer tan trabajadora. ¿Qué hace en la fábrica? ¿Es la directora general?
—No, es la jefa del área de investigación y desarrollo. Es el pilar fundamental de la Farmacéutica Cumbre. ¡Toda una experta en investigación médica!
La Señora Salinas y Amalia se miraron de nuevo, con el sarcasmo a flor de piel. ¿Sofía? ¿Jefa de investigación? ¿El pilar de la empresa? ¿Una... experta? Qué ridiculez. Apenas tenía 24 años y provenía de la Universidad Central de Medicina, una institución que ni siquiera estaba entre las mejores. ¿Acaso los títulos de expertos se compraban en cualquier lado? Por favor.
Zafira colgó la llamada y tomó las manos de su invitada con calidez.
—Amiga mía, estás de suerte. Sofi andaba en el centro comercial. Como mañana tiene que trabajar, estaba comprando la fórmula para sus hijos, pero dice que estará aquí en veinte minutos.
—Qué... maravilla.
No pasó mucho tiempo antes de que Sofía apareciera con dos ramos de flores en los brazos. Al entrar, su encanto y el aroma floral inundaron la sala. Los ojos de Amalia brillaron, y le dio un golpecito disimulado a la Señora Salinas en la espalda.
«Ejem». La Señora Salinas se arregló el chal y adoptó una postura más erguida. ¿Le traía flores? Bueno, aceptarlas o no dependería de la actitud de la joven. Si Sofía se mostraba humilde y ofrecía una disculpa genuina, consideraría aceptar el detalle y guardaría silencio frente a los Lira. Pero si seguía con esa actitud arrogante y descarada... La anciana entornó los ojos, preparándose para tratarla como a cualquier otra empleada más de la casa, sin pizca de piedad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...