Su rostro rebosaba confianza y sus ojos brillaban con seguridad. Sin embargo, la Señora Salinas no iba a cambiar su opinión sobre ella solo por un remedio efectivo.
Al terminar.
—¿Cómo se siente, señora? —preguntó Amalia.
La verdad era que sentía un alivio inmenso, como si le hubieran quitado un gran peso de encima. Pero no iba a admitirlo en voz alta.
Sofía ya se preparaba para retirarse y las empleadas de los Lira le llevaban unos regalos a su auto. La Señora Salinas le hizo un gesto sutil a Amalia. Captando la orden, la sirvienta se apresuró a decir:
—Yo también acompañaré a la doctora a la salida.
—No es necesario —declinó Sofía amablemente.
Pero Amalia, insistente, le arrebató unas bolsas a Luciana.
—¡Es lo mínimo que podemos hacer! Ha sido usted tan amable con nuestra señora. Se lo agradecemos de corazón.
Ante esa respuesta, Sofía no pudo oponerse.
Tras despedir a Sofía en la puerta, Amalia y Luciana caminaron juntas por el gran jardín. Amalia comentó en tono casual:
—Parece que todos en esta casa adoran a la doctora.
—¡Sí! Es un ángel. A nosotras, las trabajadoras, siempre nos ayuda cuando nos sentimos mal. Nos da remedios caseros, nunca tiene un mal gesto para nadie —respondió Luciana, feliz.
Amalia soltó una carcajada llena de sarcasmo.
—Oh, sí, tan buena... a pesar de ser divorciada, cargar con los dos hijos de su exmarido y vivir del favor ajeno. Qué noble de su parte.
Esas palabras cayeron como balde de agua fría. Luciana saltó como si la hubieran quemado.
—¿Qué estás diciendo?
Amalia se hizo la sorprendida.
—¿Y por qué te alteras tanto?


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...