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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 109

Fue solo después de la muerte del padre de Federico que ella empezó a prestarle verdadera atención al chico.

Más tarde, Federico creció. Aprendió a ocultar sus emociones, pero nunca aprendió a expresarlas.

En su vida todo era negocio y conveniencia, y si había algo parecido al afecto, siempre venía con condiciones.

Magdalena no tenía idea de nada de esto. Al escucharlo, sintió un escalofrío tras otro.

Y, al mismo tiempo, sintió algo de compasión.

Pero esa compasión no era por el Federico de ahora.

Era como si, a través del tiempo, pudiera ver a aquel niño corriendo con un gatito en brazos.

Le dolía pensar en todo lo que había pasado.

Pero, por supuesto, sentía mucho más dolor por sí misma.

—No te cuento esto para que lo perdones sin más —dijo Doña Elvira—, sino para pedirte que le des una última oportunidad.

Conocía bien a su nieto. Sabía que sus sentimientos por Magdalena no eran completamente nulos; simplemente no se daba cuenta o no sabía cómo expresarlos.

De lo contrario, no se habría quedado a medianoche mirando al vacío en la cocina.

Tampoco habría movido los hilos de la empresa para salvar a Magdalena del escándalo en redes.

Mucho menos habría salido corriendo desesperado al enterarse de que a ella le había pasado algo.

Magdalena intentó forzar una sonrisa serena.

Pero no pudo. Bajó la mirada, tragándose la amargura, porque el verdadero amor no necesita pruebas rebuscadas.

Apretó la mano de la anciana y, con delicadeza, se negó:

—Abuela, incluso si me divorcio de Federico, usted seguirá siendo mi abuela para siempre.

La habitación se sumió en el silencio.

El rostro arrugado de la anciana mostraba pura impotencia.

A Magdalena le dolía el corazón, pero se mantuvo firme en su decisión.

—Ya he tomado mi decisión respecto al divorcio.

Doña Elvira, al escuchar su determinación y notar lo herida que estaba su mirada, supo que, por mucho que intentara persuadirla, no cambiaría de opinión.

Así que, tras un momento de silencio, asintió con la cabeza.

—No te presionaré, solo te pido un último favor. ¿Podrías posponerlo un mes?

—Aunque pidan el divorcio hoy, igual tendrán que esperar los treinta días del periodo de reflexión —añadió—. Magda, vuelve a la mansión durante este tiempo. Prometo que no los obligaré a estar juntos, tómalo como el último mes que le das a Federico, ¿te parece?

—Si después de un mes tu decisión sigue siendo la misma, yo me aseguraré de que te deje en paz. Sin importar lo que decidas, mis acciones serán tuyas.

Magdalena se quedó en silencio.

Ella sabía perfectamente que, en caso de disputas por bienes patrimoniales, no era obligatorio esperar el periodo de reflexión para obtener los papeles de divorcio.

Doña Elvira lucía ansiosa, casi al borde de la súplica.

A Magdalena se le ablandó el corazón. Decidió que adelantar el periodo de reflexión no sería tan mala idea.

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