Esther sintió un nudo áspero en la garganta y, armándose de valor, llamó a Ignacio. Por el auricular se escuchó su voz fría:
—¿Qué quieres?
La voz de Esther sonó muy baja:
—Hoy entierran a mi madre, ¿podrías venir un momento?
Ignacio dudó unos segundos y se negó:
—No puedo ir, esta noche tengo un compromiso.
Inmediatamente después, ella escuchó la voz de Patricia por el teléfono:
—Ignacio, ¿a qué hora es el show de drones de esta noche?
Ignacio cortó la llamada apresuradamente. Esther sintió que le faltaba el aire y el mundo le dio vueltas.
Al verla tan pálida, Fermín la sostuvo de inmediato.
—¿Te sientes mal?
En estos días, Esther no había dejado de llorar, y Fermín sabía muy bien lo profunda que era la relación que ella tenía con su madre.
Esther se obligó a sostener su cuerpo tembloroso y dijo:
—No es nada, estoy bien.
Esa misma noche, Esther vio en las tendencias de internet que un espectáculo de drones sobrevolaba el edificio de Cúspide Capital; se rumoreaba que el presidente del grupo, Ignacio Junco, estaba celebrando el cumpleaños de su novia.
Esther miró en su teléfono cómo miles de drones formaban imágenes espectaculares en el cielo, y su corazón no dejaba de sangrar.
Así que su compromiso era celebrarle el cumpleaños a Patricia.
Finalmente no pudo soportarlo más y rompió a llorar amargamente.
Se dijo a sí misma que esta sería la última vez que derramaría lágrimas por él.
*A partir de ahora, arráncalo de tu corazón, Esther.*
Poco después, Esther volvió a recibir un video de Patricia presumiendo. No solo aparecía el show de drones, sino también su fiesta de cumpleaños. Se asomaban los dedos largos y elegantes de Ignacio, quien tenía la cabeza agachada cortando el pastel.
Esther apretó el teléfono con fuerza; el dolor en su pecho casi la asfixiaba.
Antes de que pudiera guardar el video y las fotos, Patricia volvió a eliminarlos.
A esto le siguió un mensaje: *Tu madre murió y ni así quiso acompañarte, solo quiere celebrar mi cumpleaños conmigo. Esther, eres un verdadero fracaso como esposa.*



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