Esta vez, Esther activó la grabación de pantalla. Era un video de Ignacio acompañando al niño a que le pusieran suero.
En el video, Ignacio sostenía al niño con expresión muy tierna y lo consolaba con voz suave:-
—No tengas miedo, Cristian. Papá está aquí.
Como era de esperarse, el video de Patricia fue eliminado rápidamente.
Menos mal que había grabado la pantalla. Seguramente serviría como prueba para el divorcio.
Le envió el video y el acuerdo prenupcial que había firmado a Fermín.
*Fermín, quiero divorciarme lo antes posible, no importa si no recibo nada del patrimonio.*
Con las restricciones del acuerdo prenupcial y los antecedentes de la familia Junco, no se atrevía a soñar con cosas que no le pertenecían.
Fermín no le respondió de inmediato; el borrador del acuerdo de divorcio le llegó ya de madrugada.
Esther respondió: *¡Gracias!*
Leyó detenidamente las cláusulas. Según los términos del prenupcial, se iría sin nada. Se notaba que Fermín también entendía que ella no obtendría ni un centavo con el divorcio.
Y no importaba, esto había sido un matrimonio por conveniencia desde el principio.
Esther se levantó para imprimir el acuerdo. Llorando en silencio, susurró:
—Adiós, Ignacio.
No pegó el ojo en toda la noche, esperando a que Ignacio regresara.
Pero él no volvió a casa.
A las seis de la mañana, Esther se levantó, metió el acuerdo de divorcio en un sobre y pensó dárselo a Ignacio cuando llegara, pero dieron las diez de la mañana y él seguía sin aparecer.
Esther dejó escapar una sonrisa amarga, arrojó el sobre sobre la mesa del comedor, le tomó una foto y se la mandó a Ignacio.
*Vamos a divorciarnos, el acuerdo ya está redactado. Cuando vuelvas, échale un vistazo. Si tienes algún problema me dices, terminemos esto en buenos términos, no hay necesidad de llevarlo a los tribunales y hacer un escándalo.*
Ignacio no respondió al mensaje de WhatsApp. Esther lo llamó y él le cortó la llamada.
Al intentar enviarle otro mensaje, descubrió que la había bloqueado.
Esther soltó una carcajada irónica, agarró su maleta ya empacada y se mudó. El hombre que había amado durante más de tres años la había desechado como si fuera basura.
Se fue al Distrito de la Innovación, rentó un departamento de una recámara y se instaló. Lo más importante ahora era ir a trabajar y hacer que su vida volviera a la normalidad.
Se quedó sin matrimonio, su madre falleció, pero la vida tenía que continuar.

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