Baltasar sostenía el celular, donde un mensaje de texto confirmaba una cancelación exitosa.
El pánico en el rostro del hombre era evidente.-
—Cinty, ¿qué cancelaste?
Para obtener un certificado de defunción, obviamente, había que cancelar la información de identidad.
La expresión de Cintia era distante. Cuando él se inclinó sobre ella, vio el chupetón oculto bajo el cuello de su camisa.
La mancha rojiza le dolió en los ojos.
Levantó la vista y se encontró con la mirada ansiosa del hombre.
Sonrió levemente.
—No es nada, solo cancelé la suscripción a un juego. Me estaba cansando la vista y ya no quiero jugar.
—Ah, un juego…
Baltasar finalmente suspiró aliviado. Dejó el celular y la abrazó como si temiera perderla.
—Cinty, ¿no decías que querías ir de compras? Tu esposo te acompaña.
Cintia no quería ir, no estaba de humor.
Pero no pudo negarse. Baltasar ya lo había organizado todo.
«¿Será por culpa, por remordimiento?».
Cintia esbozó una sonrisa irónica y cedió.
Estaba a punto de irse y no quería crear más problemas ni que él descubriera algo.
Durante el trayecto, Baltasar fue la personificación de la atención.
Era pleno verano y el calor afuera era insoportable.
Baltasar, el presidente de un gran conglomerado, se rebajó a sostenerle la sombrilla.
La escena provocó la envidia de los transeúntes.
—¡Mira, ¿no son el director Baltasar y Cintia? ¡Cielos, qué atento es el director Baltasar!
—¡Ni que lo digas! Todo Sierra Azul conoce su historia de amor. El director Baltasar es famoso por consentir a su esposa. Como a ella le gustan las cerezas, plantó cerezos en su casa. ¿Cuándo encontraré yo un hombre así?
—Claro, la señorita Cintia es la mujer que el director Baltasar casi se mata por conquistar, ¿cómo no la va a cuidar como a la niña de sus ojos?
—…
Cintia forzó una sonrisa irónica.
Entraron en una tienda de lujo.
La vendedora los atendió con entusiasmo.
Dicho esto, una sonrisa de victoria se dibujó en sus labios.
Cintia sonrió y levantó la etiqueta del vestido para ver el precio.
—Es muy fresco y juvenil. Pero me temo que solo tú considerarías un tesoro algo tan barato.
—Oh, no, me corrijo: es la gente barata la que se fija en cosas baratas.
—Las colecciones nuevas cambian cada temporada, no son más que productos que se vuelven comunes y corrientes. En cambio, un clásico es para siempre.
¿La estaba llamando barata? ¿Común y corriente?
Miró a Baltasar con aire ofendido, con los ojos llenos de lágrimas.
Normalmente, en una situación así, Baltasar le diría algo para calmarla.
Pero en ese momento, abrazó a Cintia y dijo:
—Mi esposa tiene razón. El clásico es mucho más elegante. Lo nuevo es demasiado corriente.
Wendy se mordió el labio, con los ojos enrojecidos.
—¡Sí! ¿Cómo podría una persona insignificante como yo compararse con la señorita Cintia? Se nota que el director Baltasar la tiene en un pedestal. No como yo… Lo siento, fui una imprudente.

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