Dicho esto, se dio la vuelta y se fue con aire desolado.
Baltasar se sintió incómodo al escucharla y, por instinto, quiso seguirla.-
Pero al pensar en Cintia, se detuvo y frunció el ceño mientras miraba la espalda de Wendy alejarse…
Cintia notó el sutil gesto del hombre. De repente, soltó una risita, se apartó de Baltasar y se dirigió hacia un vestido exhibido en una vitrina de cristal.
—Quiero ese vestido, el más caro.
Baltasar volvió en sí y de inmediato sacó su tarjeta, entregándosela a la vendedora.
—Cobre de aquí. Y empaque todo lo que mi esposa acaba de ver.
La vendedora estaba encantada.
—¡El director Baltasar sí que consiente a la señorita Cintia!
Baltasar sonrió.
—Es mi esposa. Si no la consiento a ella, ¿a quién más?
Una curva irónica se dibujó en los labios de Cintia, pero permaneció en silencio.
...
Al salir de la tienda de lujo.
Cintia ya había perdido todo el interés. Frunció los labios y Baltasar, al notarlo, le pidió que lo esperara sentada en una banca mientras iba a comprarle un café con leche.
Antes era así. Un pequeño gesto de ella, y él sabía exactamente lo que quería.
Pero ahora, ¿quizás haría lo mismo por Wendy?
Baltasar perforó la tapa del vaso con el popote y se lo acercó a los labios.
—Prueba, ¿sabe como siempre?
Cintia lo miró con ojos sombríos y tomó un pequeño sorbo.
El sabor no había cambiado, pero la persona sí.
En ese momento, el celular en su bolso vibró.
Era un mensaje de un número desconocido.
[Señorita Cintia, ¿qué tal se sintió al vernos a Baltasar y a mí anoche? ¿Le dolió mucho?]
[Le diré algo, cada noche que él no estaba en casa, estaba conmigo. Le encanto, siempre usamos una caja entera de condones.]
Cintia leyó el mensaje sin expresión, con una frialdad glacial en la mirada.
[¿Quiere que apostemos? En un momento, Baltasar la dejará plantada para venir a verme.]
Cintia no lo creyó.
Aunque Baltasar la engañaba, todavía sabía diferenciar lo importante de lo trivial. No la abandonaría por unas cuantas palabras.
Pero al instante siguiente.
La realidad le dio una bofetada.
Cintia: [Sí, hacen buena pareja. Quédense juntos para siempre.]
Al otro lado, la furia fue tal que no recibió ni un mensaje más en un buen rato.
...
Cintia regresó a casa y empacó algunas cosas más.
Sacó del armario sus libros de diseño y algunos bocetos y los guardó en la maleta.
Estos eran sus tesoros. Si no se hubiera casado con Baltasar, quizás habría tenido un futuro diferente…
Una amargura inundó el corazón de Cintia.
Pero aún estaba a tiempo de retomarlo.
Empacando un poco cada día, una persona más observadora se habría dado cuenta.
Pero a Baltasar ni le importaba.
Cuando terminó, se acercó al calendario y marcó el día veinticinco con una equis.
«Baltasar, quedan 28 días».
Un ruido en la entrada anunció el regreso de Baltasar.
Al abrir la puerta del dormitorio, vio a Cintia de pie frente al calendario. Por alguna razón, las equis rojas le parecieron especialmente hirientes.
—Cinty, ¿qué haces con eso? —se acercó Baltasar, preguntando con nerviosismo.

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