—¿A qué le tiene miedo? —pregunté—. Incluso si Dante se enterara, no cambiaría nada. Me detesta tanto que no regresaría conmigo ni aunque saltara de otro edificio. ¿Acaso no le quedó claro?
—La verdad es que no te llamaba con mala intención —respondió Elena—. Ha pasado mucho tiempo y ya no estamos resentidos. Al fin y al cabo, fuiste una niña a la que ayudamos en su momento. Quiero que te vaya bien. Es bueno que tengas una nueva pareja. Hagan su vida juntos y no dejen que el pasado los afecte.
—No lo hará.
—Me alegra escucharlo.
Colgué el teléfono y volví a mi escritorio.
Todo eso de que lo decía "por mi bien" no era más que miedo a que Dante sintiera lástima por mí. Se estaba preocupando demasiado.
Después de que salté del edificio en aquel entonces, Dante ni siquiera fue al hospital a verme una sola vez.
Por mucho que me doliera, tenía que admitir que cuando un hombre se vuelve frío, le da exactamente igual si vives o mueres.
Dante deseaba con toda su alma que me largara lejos; deseaba que estuviera muerta.
...
El regalo de cumpleaños que le había comprado a Gabriel era una pluma Montblanc.
La primera vez que lo vi en casa de la familia León, él estaba en el estudio de Ricardo, admirando la colección de plumas exhibidas.
Yo sabía que eran artículos muy caros, aunque no me importaba investigar su valor exacto. Pero la atención que Gabriel les prestaba dejaba claro que le fascinaban.
El mesero abrió la puerta del salón privado para mí. Al entrar, vi que la mitad de los presentes eran rostros conocidos: mis antiguos compañeros de la preparatoria.
Al verme, se quedaron sorprendidos. Tras un par de segundos de silencio, estallaron en murmullos.
—¿Catarina Serrano?
—¿No decían que había saltado de un edificio en la universidad y había muerto?
—Te equivocaste. Sí saltó, pero no se murió.
—¿Cómo vas a sobrevivir a algo así? ¡Es imposible! Puras mentiras.
—Esa pregunta es para Dante. De verdad saltó, ¿no es así, Dante?
Todas las miradas se giraron hacia Dante, cargadas de morbo e intenciones ocultas.
Dante mantenía una expresión gélida y no dijo ni una palabra.
Gabriel se puso de pie.



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