Al escuchar que no volvería a amenazarlo con mi vida para que se casara conmigo, soltó un suspiro de alivio y me soltó el brazo.
Lo que había pasado la última vez había ocurrido frente a sus propios ojos. Fue una completa locura; evidentemente no quería volver a ser el centro de los rumores por mi culpa.
Odiaba que la gente hablara de él. Por eso, aunque ayudar a los enfermos fuera positivo para la imagen de la empresa, siempre se negaba a dar entrevistas.
Cuando trajeron el vestido limpio, me cambié ahí mismo.
Dante me observó sin ningún tipo de vergüenza. Cuando terminé de arreglarme, levantó su copa de vino en mi dirección y sonrió con burla.
—Entonces, que pases una excelente noche.
Me pareció ridículo.
A los ojos del mundo, el doctor León era alguien impecable y puro, pero en realidad, no era más que un hombre asqueroso y vulgar.
En cuanto a Gabriel, lo más seguro era que su jefe y el cliente lo mantendrían atrapado esta noche y no podría escapar.
No era una casualidad: alguien había movido los hilos para arruinar su propuesta de matrimonio.
Esa persona no estaba dispuesta a dejar que yo saliera ilesa del pasado ni que abrazara una nueva vida como si nada hubiera ocurrido.
Fui al parque y encontré el lugar que Gabriel había elegido.
Entre unos tulipanes en flor, había armado las iniciales de mi nombre con luces de colores. Supongo que su plan era tomarme de la mano, caminar hacia allí y, en el momento exacto, iluminar un cartel que dijera "Cásate conmigo" antes de sacar el anillo.
Me imaginé la escena. No era la idea más original del mundo, pero me pareció encantadora.
Mi celular vibró. Era un mensaje de Gabriel.
*El cliente está rarísimo. Se puso a platicarme de su vida y ni siquiera ha tocado el tema del contrato.*
*Cata, ¿todavía me estás esperando? Creo que no voy a alcanzar a llegar.*
*Vete a descansar por hoy.*
Su plan de propuesta había sido arruinado, y él debía estar muchísimo más decepcionado que yo. Solo que no podía decírmelo; tendría que conformarse con planearlo todo para otra ocasión.
...
Pedí un día de permiso en el trabajo.
Nicolás no estaba muy contento:
—Catarina, apenas llevas quince días en la empresa y ya me has pedido dos días libres.
Le prometí de todas las formas posibles que no volvería a ausentarme en mucho tiempo.


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