—¿Otra vez andas detrás de la zorra de Amaya? En la casa de subastas andan diciendo que compraste un diamante rosa rarísimo. ¡No me vayas a decir que se lo vas a regalar a la mocosa bastarda de Amaya!
Josefa hablaba tan alterada que estaba al borde de las lágrimas.
—Esa mujer dejó a tu madre medio muerta, vuelta un monstruo. ¡Si todavía tienes el descaro de darle regalos tan caros, entonces ya no tienes madre!
Cada palabra de Josefa escupía puro veneno. A estas alturas, su odio por Amaya ya era a muerte y sin marcha atrás.
Los nervios de Diego estaban a punto de colapsar, con el estómago ardiendo de furia.
Había tirado la casa por la ventana y había comprado ese costosísimo diamante con la única intención de que Amaya valorara el esfuerzo, lo perdonara, y pudieran regresar a vivir en paz con la niña.
Pero terminó perdiendo por todos lados: quemó una millonada y no consiguió absolutamente nada a cambio.
Mientras más lo pensaba, más se enojaba Diego. Pensaba en Amaya y se preguntaba en qué momento aquella mujer a la que no le importaba el dinero se había vuelto tan convenenciera y materialista.
—¡Ya cállate! —rugió Diego—. Todos aquí me quieren desheredar o mandar al diablo. ¡¿Pues qué demonios les hice?!
—¡Váyanse todos a la chingada! ¡Corten lazos conmigo, a ver si así de una vez por todas tengo paz en este mundo! A ver, dime tú, ¿cuándo carajos se va a acabar esta pesadilla de vida que llevamos?
Tras soltar ese grito explosivo, Diego colgó la llamada de un golpe.
Con semejante relajo armado, si se paraba en el hospital en ese momento, seguro los medios de comunicación se le iban a echar encima como moscas.
Esta era la primera vez en toda su vida que terminaba metido en un escándalo público de este nivel.
Y como dice el dicho: el que la hace, la paga. Si Camilo ya había reconocido que toda esta desgracia era culpa suya, entonces... iba a llamar a Axel Ponce para que sacara a Camilo de su escondite en este mismo momento.
Tenía que hacerle ver a ese infeliz cómo su estupidez había echado todo a perder.
***
Diego se fue directo a la cava.


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