A Diego se le nubló la vista, y del coraje se llevó una mano al pecho, incapaz de articular ni una sola palabra más.
Amaya lo observaba con frialdad. Se dio cuenta de que, ni siquiera en esas circunstancias, él estaba dispuesto a dejar que Vera asumiera las consecuencias; seguía empeñado en ser su escudo.
¡Vaya! ¡Ese era el marido que había elegido con tanto cuidado, el hombre del que había estado enamorada por tantos años!
En ese momento, Amaya tenía ganas de echarse ácido en los ojos por haber sido tan ciega en el pasado.
—Diego, tanto que presumes de tratarme bien... y ahora, ¿todavía te atreves a decir que eres bueno conmigo?
—¡Si hubieras tenido conmigo al menos una tercera parte de la consideración que le tienes a Vera, jamás habríamos llegado a este punto!
Diego sintió que se quedaba sin aire:
—¿Por qué insistes en compararte con Vera? Ella... ella es delicada desde que era niña, en cambio tú...
—Ja, ja... —Esta vez, Amaya soltó una carcajada de verdad.
Qué más daba. Por fin había entendido a la perfección la retorcida lógica de Diego.
Vera siempre había sido frágil, y como el que no llora no mama, por supuesto que tenía el derecho de disfrutar de todo el favoritismo y los cuidados.
Y ella, Amaya, como desde niña había sido fuerte, enfrentándose sola a las adversidades, pues entonces lo más normal era que tuviera que valerse por sí misma, sin merecer el cariño ni el apoyo de absolutamente nadie.
¡Qué lógica tan pendeja!
¡Qué porquería de hombre!
Amaya ya no tenía ganas de seguir discutiendo, estaba exhausta.
—Divorciémonos, Diego.
—¿Otra vez? Cualquier problemita que tenemos y de inmediato sacas el tema del divorcio...
Diego sintió que sus palabras le calaban en lo más hondo. Sacudió la cabeza con fuerza, negándose por completo a la idea de separarse:
—No me voy a divorciar de ti. Y en cuanto a todo eso que me reclamas, mi familia ya se dio cuenta de sus errores.
—Tanto mi papá como Leonor, e incluso mi abuela, esperan que volvamos a estar como antes. Y todos queremos que nuestra hija regrese a la familia Muñoz para que todos la consientan.
—Amaya, ¿por qué no le das una oportunidad a toda mi familia? De todos modos, no te voy a dar el divorcio, ¡así que vete olvidando de esa idea!
Diego dejó su postura muy en claro.
Si Amaya había soltado todo el resentimiento que guardaba, eso significaba que aún había margen para arreglar las cosas.
Su siguiente paso sería ir a darle una buena lección a su familia, especialmente a su madre, para exigirle que cambiara su actitud hacia Amaya y la bebé.
¡Para darle a su hija un hogar completo y compensar a Amaya por todo lo que había sufrido, no iba a firmar ningún divorcio!
Por más que Amaya gritara al cielo, no habría divorcio. Lo que Diego decidía, no cambiaba por nada del mundo.
Amaya se quedó atónita ante su cinismo. Sin querer gastar más saliva en él, se dio la media vuelta y abrió la puerta de un tirón.
Sin embargo, al abrir, se encontró con una persona parada justo enfrente, mirándolos con los ojos bien abiertos.
Amaya jamás se habría imaginado que, en la puerta del nuevo departamento de Diego, habría alguien más escuchando.
El susto casi le arranca el alma del cuerpo. Cuando logró recuperar el equilibrio y enfocó la vista, se dio cuenta de que la persona que estaba husmeando detrás de la puerta no era otra que Vera.
Entonces, ¿Vera no solo conocía la dirección de la nueva casa de Diego, sino que hasta se sabía la contraseña de la puerta?
¿Cuánto tiempo llevaba ahí parada? ¿Cuánto había escuchado de su conversación?
Amaya sintió que la cabeza le punzaba de ira. Incapaz de contenerse, se giró y le acomodó otra bofetada a Diego.
—¿Esta es la gran "distancia" que ibas a marcar, Diego?
—La gente puede entrar a tu casa como si nada y hasta se pone a espiar en tu puerta. ¿Qué sigue? ¿La vas a nombrar la señora de la casa?
—¡La relación entre ustedes dos me da asco!
Tras desahogar su rabia con furia, Amaya le clavó una mirada cargada de odio a Vera, salió corriendo de la casa y desapareció de su vista.
Quedarse un segundo más respirando ese mismo aire la habría asfixiado de la náusea.

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