Entrar Via

Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 472

En ese momento, Romeo se acercó trayendo consigo cuatro platillos deliciosos y una sopa humeante.

El aroma reconfortante inundó la habitación, atrayendo de inmediato la atención de las tres mujeres.

—A comer.

Romeo colocó la comida sobre una pequeña mesa dispuesta especialmente en la habitación y se acercó rápidamente a Amaya.

—Ami, ¿cómo te sientes? ¿Estás mejor?

Ella asintió.

—Mucho mejor.

Romeo no hizo más preguntas y procedió a invitar a Beatriz y a Ximena a que se acercaran a comer.

Sobre la mesa había un festín de comida casera, ligera pero exquisita. Romeo se encargó de presentar los platillos:

—Preparé un caldo reconfortante de costilla, estofado de res con papas, berenjenas guisadas y unos camarones al vapor.

Al ver la comida que no solo lucía deliciosa sino que olía a hogar, Amaya sintió un nudo en la garganta.

Romeo era genuinamente atento, de esa forma silenciosa que lo envuelve a uno sin asfixiar.

*La chica que sea su novia en el futuro será inmensamente feliz*, pensó.

Era una lástima que, aunque Vera había estado casada con él, no tuvo la inteligencia de valorarlo. Casarse con un hombre así era un verdadero premio.

Mientras Amaya reflexionaba, Beatriz ya estaba deshaciéndose en halagos:

—Romeo, eres increíble. No solo eres brillante en tu trabajo, sino que además cocinas como un chef. Ximena, ¿cómo le hiciste para criar a un hijo tan perfecto?

Los ojos de Ximena brillaron con evidente orgullo.

—A los seis años ya lo ponía a cocinar. Si no cocinaba, no comía.

—Te crie para ser el mejor; cualquier heredera de las familias más prestigiosas de Solarenia habría hecho fila para estar contigo. Cuando de repente dijiste que te querías casar con Vera, yo tuve un mal presentimiento, pero pensé que tal vez al tratarla te habías enamorado de verdad... Si tan solo hubiera indagado un poco más en su pasado, quizás nada de este infierno habría ocurrido.

Incluso ahora, Ximena seguía atormentada por la culpa. Se recriminaba que, tras haber sido una mujer precavida toda su vida, había sido tan descuidada con el matrimonio de su hijo, permitiendo que se gestara semejante tragedia.

Al escucharla, Beatriz también bajó los cubiertos y dejó escapar un largo suspiro:

—Yo siento lo mismo. Si cuando Amaya entró de pasante al Grupo Muñoz me hubiera opuesto con todas mis fuerzas, tampoco estaríamos viviendo esto. Como madre, he fallado mucho.

Al ver a sus madres sumidas en la culpa y el arrepentimiento, Amaya y Romeo intercambiaron una mirada, sin saber qué decir para aliviar el ambiente.

Fue entonces cuando, de repente, se escuchó un gran alboroto afuera de la puerta.

Amaya pudo distinguir la voz aguda de una mujer gritando:

—¿Quién autorizó que la metieran en esta habitación VIP? ¡No tiene la categoría para estar aquí! ¡Sáquenla de inmediato!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta