La llamada terminó.
¿Una excelente colaboración?
Ahora mismo no tenía ningún proyecto en conjunto con Romeo...
Amaya se quedó con el celular en la mano, sintiendo una ligera confusión.
En ese momento, César Ortega abrió la puerta de su oficina y entró con una sonrisa de oreja a oreja:
—¡Amaya, te tengo una noticia increíble!
—¡El otro gran socio del estudio, mi hermano, regresa hoy al país! Teniendo a ustedes dos, que son unos genios al mando, ¡el Estudio Eje sin duda se convertirá en el mejor despacho de arquitectura del medio!
Amaya seguía un poco desorientada.
En la llamada, Romeo le acababa de decir que regresaba al país, y ahora César le informaba que su hermano también volvía.
Acaso... no podía ser...
Amaya se levantó de la silla casi de un salto y miró a César con total incredulidad:
—¡Ya entendí!
—¡El Estudio Eje fue fundado por Romeo! ¡Tu hermano es Romeo! Entonces, la persona que durante los últimos cinco años ha estado revisando y corrigiendo mis diseños... ¡fue tu hermano, ¿verdad?!
Todo encajó en la mente de Amaya en un segundo. Al atar cabos, se sintió muy emocionada.
César estaba pensando en cómo explicarle todo, pero no esperaba que ella fuera tan perspicaz y lo dedujera de inmediato.
Asintió con una sonrisa y le soltó toda la verdad:
—Así es, todos los diseños que entregaste en el pasado en realidad los revisaba él. Con el nivel que yo tengo, jamás podría haber seguido el ritmo de ustedes, que son unos expertos.
—Mi hermano tampoco sabía quién eras, hasta la última vez que mandaste tu papeleo para asociarte. Al principio me pidió que no te lo contara para no presionarte, pero ahora dice que ya no importa. Que si van a trabajar juntos, debe haber total sinceridad.
—¡Amaya, bienvenida al Estudio Eje! Mi hermano ya no se va a ir del país y no tomará otros proyectos. Quiere dedicarse por completo al diseño y trabajar con nosotros aquí para crear las mejores obras arquitectónicas posibles.
Después de que César salió de la oficina, a Amaya le costó mucho calmarse.
Nunca imaginó que, durante los últimos cinco años, el mentor misterioso que pulía pacientemente sus diseños en la madrugada y que la había motivado a renunciar al Grupo Muñoz para unirse al Estudio Eje... resultara ser Romeo.
Pero Rubén estaba cegado por el coraje tras la rebeldía de Amaya. En ese momento tan delicado, como hijo, a Diego no le convenía opinar mucho.
Además, últimamente el Grupo Muñoz había tenido mucha inestabilidad. Tras la suspensión del proyecto Edificio Horizonte, otro de sus grandes negocios en Clarosol también enfrentaba problemas.
Diego tuvo que viajar de urgencia a Clarosol y trabajó de sol a sol durante tres días enteros hasta que por fin logró controlar la situación.
Mientras arrastraba su maleta por el aeropuerto de Solsepia, estaba exhausto, y la imagen de Amaya apareció involuntariamente en su mente.
En el pasado, sin importar qué tan tarde llegara su vuelo, Amaya siempre lo esperaba en la salida y le preparaba una cena deliciosa en casa.
Pero las últimas veces que había vuelto de viaje, lo único que lo recibía al llegar a la salida era una ráfaga de aire helado.
Había muchísima gente esperando a sus familiares, pero ya nadie estaba ahí para él.
Se preguntaba si, tras la fuerte presión que le había puesto su padre, Amaya habría recapacitado y cómo la estaría pasando en esos momentos.
Estaba a punto de sacar el celular para marcarle, cuando de pronto vio una silueta muy familiar de pie junto a las puertas de llegada.
Instintivamente se talló los ojos, creyendo que estaba alucinando.

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