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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 198

Le hervía la sangre al notar la indiferencia con la que Romeo trataba el asunto de Vera, y a la vez lo dejaba totalmente descolocado el interés desmedido que mostraba por Amaya.

Romeo ni siquiera intentó soltarse. Solo bajó la mirada hacia las manos que lo sujetaban, para luego levantar la vista y ver a Diego directo a los ojos.

—Deberías saber mejor que nadie... por qué me casé con Vera.

Lo dijo en voz baja, pero sus palabras le cayeron a Diego como un balde de agua fría.

—Esa noche, los dos nos fuimos de borrachos. Nos dormimos en la misma habitación, pero cuando desperté a la mañana siguiente, no eras tú el que estaba a mi lado... era Vera.

—Hasta la fecha sigo sin entender qué demonios pasó. Siempre me he considerado alguien con mucho autocontrol; aunque me pase de tragos, jamás me acostaría con una mujer así nada más.

—Pero tú te pusiste como loco, a gritarme y exigirme a golpes que me hiciera responsable por tu prima.

Al decir eso, Romeo le apretó la muñeca a Diego con más fuerza. Por primera vez, en sus ojos se asomaba un resentimiento que había guardado durante años.

—Acepté amarrarme con tu prima solo porque te consideraba mi amigo, Diego.

—Sabes perfectamente por qué terminé casándome con ella, e incluso si de verdad la llegué a tocar esa noche... o no.

—Todavía tengo la duda. ¿A dónde diablos fuiste esa noche? ¿Por qué te desapareciste para que Vera entrara al cuarto?

—¿De verdad mi boda con Vera... no fue un teatro tuyo desde el principio?

En la última frase, se le notó un evidente tono de rencor a Romeo.

originalmente, por respeto a su supuesta amistad, Romeo pensaba quedarse callado y no decir ni una sola palabra de eso, sin mencionarlo jamás.

Pero ahora que esa amistad estaba más que rota, las dudas del pasado se le habían clavado en el corazón como una espina. Tenía que sacársela para poder estar en paz.

A un lado, Amaya tenía la boca abierta por el asombro; sentía que acababa de descubrir algo que no debía, era algo muy difícil de procesar.

Si lo que Romeo decía era cierto... ¿él nunca quiso casarse con Vera y fue Diego quien se aprovechó de la borrachera para meterle a la prima en la cama?

Diego palideció y, sin darse cuenta, soltó el cuello de la camisa de Romeo:

—¿Qué estás diciendo, Romeo?

Claro que enloqueció, de inmediato lo agarró de la camisa y le exigió que diera la cara. En su papel de protector, creyó que estaba haciendo lo correcto.

Y en ese momento Romeo no se hizo para atrás. Le aseguró que respondería por lo que hizo, pero dejando claro que sería por puro trámite; un arreglo comercial sin presionar los sentimientos, dejando que las cosas fluyeran.

Vera no dudó en aceptar, y así fue como terminaron casándose.

Ante el prolongado silencio de Diego, Romeo esbozó una sonrisa cargada de ironía:

—Te quedaste sin excusas, ¿verdad?

—Pues yo te lo explico. Resulta que hace poco me enteré de la verdadera razón por la que me orillaron a casarme con Vera. Lo hicieron porque ustedes dos estuvieron a punto de cometer un error imperdonable, ¿no es así?

Las palabras de Romeo hicieron que las pupilas de Diego se encogieran, y Amaya sintió cómo se prendían las alertas en su cabeza.

Amaya no pudo aguantarse y soltó de sopetón:

—¿Qué error?

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