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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 204

A Diego le dolía el corazón del coraje, suspiró profundamente, con el rostro desencajado por la decepción.

Ese grupo de jóvenes oxigenados, al ver que la situación se ponía fea y notar la innegable clase de Diego y Romeo, se dieron cuenta de que se habían metido en un problema. De inmediato, salieron corriendo uno tras otro.

Vera sabía que había metido la pata; sin entender bien qué pasaba, había llevado gente a destrozar todo. Pero, negándose a admitirlo, se cubrió el rostro y lloró:

—Romeo no regresó a dormir anoche. Obviamente pensé que andaba con otra.

—Tú fuiste quien me dijo que sospechabas que él y Amaya tenían algo, un tipo de romance emocional. Por eso te creí y vine a checar, yo...

Diego, hirviendo de coraje, no pudo contenerse y le dio una patada en un costado:

—¿Y por eso entraste haciendo un escándalo con una bola de pandilleros, rompiendo cosas a lo loco sin importar el lugar?

—Vera, ¡no tenía idea de que podías hacer unos berrinches tan espantosos! Desde chiquita, ¿cómo te eduqué? ¿Acaso así te enseñé a hacer las cosas?

Diego echaba chispas por los ojos, casi le daba un infarto del coraje ahí mismo.

Romeo, con una mano en el bolsillo, se quedó parado mirando el desastre. Sentía que se le partía el alma.

Aunque la casa no era muy grande, cada juego de té, florero y adorno era una pieza única que su abuela había traído de diferentes partes del mundo. Era la colección de toda su vida.

Y ahora, Vera y sus pandilleros habían hecho pedazos todo.

Romeo no sabía con qué cara iba a mirar a su abuela. Su tono de voz se volvió aún más sombrío:

—Tu primita, en estos cinco años de matrimonio, me ha armado infinidad de escándalos.

—Antes no te decía nada por respeto a nuestra amistad, pero ahora que lo has visto con tus propios ojos, sabes que no estoy exagerando, ¿verdad?

Diego se quedó helado:

—¿Qué? ¿En el extranjero también era así? Ella...

Romeo bajó la mirada, haciendo un gran esfuerzo por ocultar la profunda repulsión que sentía:

Que un hombre tan imponente como Romeo hubiera pasado por tantas humillaciones en su matrimonio... Amaya sintió de repente una profunda empatía por él, como si ambos estuvieran en el mismo barco.

Vera era el clásico ejemplo de alguien que lo tenía todo servido en bandeja de plata y no supo valorarlo. A base de caprichos echó todo a perder, desperdiciando las mejores cartas que la vida le había dado.

Amaya suspiró internamente; al ver a Diego y a Vera, se quedó sin palabras.

Diego también se sentía avergonzado, después de todo, él había sido quien armó el matrimonio entre Romeo y Vera.

Ahora que Vera había metido la pata de esa manera, no tenía idea de cómo darle la cara a Romeo y a la familia Ortega.

Agarró a Vera del brazo y la arrastró hacia la puerta sin ningún miramiento.

Tenía que averiguar si lo que Romeo decía era verdad.

Si todo resultaba cierto, hasta ahí llegaba su apoyo para su prima. La dejaría a su suerte y no volvería a mover un dedo por ella...

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