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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 208

Josefa no se atrevía a asimilarlo, solo sentía un zumbido en la cabeza, como si una bomba le acabara de estallar en los oídos.

Sonia se tapó la boca, aterrada:

—Sí, ¿cómo no va a ser de Romeo? Espérate... ¿me estás diciendo que Vera...?

Sonia se quedó callada de golpe y volteó a ver a Vera con los ojos muy abiertos. Fuera de sí, se le aventó al cuello:

—¡Vera! ¡Qué demonios hiciste!

—¿Estás loca? ¿Cómo te atreviste a tener el hijo de otro y hacerle creer a Romeo que era de él? Tú... ¡Tú...!

Sonia estaba tan alterada que se puso roja y le dio un ataque de asma ahí mismo, ahogándose.

Josefa corrió a sacarle el inhalador de la bolsa y se lo aplicó un par de veces hasta que Sonia volvió a respirar.

Vera estaba completamente en shock, murmurando para sí misma:

—No, no puede ser tanta mala suerte...

—¡Es imposible! ¡No hay manera de que sea cierto!

—¡Diego! ¡Investígalo! A lo mejor me cambiaron al bebé en el hospital... ¡Ese niño tiene que ser de Romeo!

Al escuchar lo que murmuraba, Diego sintió que se hundía aún más.

Al ver a Vera abrazada a sus piernas, ahogada en llanto, sintió por primera vez en su vida un asco profundo hacia ella.

La apartó de una patada y le habló con una voz baja, ronca y llena de desesperación:

—El día del parto estuve ahí todo el tiempo, eso es imposible.

—Y por si fuera poco, en el camino hablé con el hospital. Me confirmaron que el parto quedó grabado de principio a fin. No hay ninguna duda, nadie cambió a los bebés.

Diego también había querido agarrarse de esa esperanza, pero la realidad le había dado una bofetada en la cara.

Pensar que la prima a la que había querido y protegido con su vida entera resultara ser tan hipócrita y descerebrada... Diego deseaba poder viajar al pasado y ahorcarla con sus propias manos.

Josefa se dejó caer en una silla, con la voz temblorosa:

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