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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 210

Sonia se iba alterando cada vez más conforme hablaba. La ira la consumía, sobre todo al pensar que el prestigio y el futuro de toda la familia podrían irse al caño por culpa del error garrafal de Vera.

Sin poder contenerse, le soltó una bofetada durísima en la cara.

Levantó la mano para darle otra, pero Josefa le sujetó la muñeca y se puso frente a Vera para protegerla:

—¡Ya basta, Sonia! ¡Lo hecho, hecho está! ¡De nada sirve que le pegues!

—Lo urgente ahora es pensar cómo vamos a arreglar este desastre. Es un hecho que la familia Ortega no va a querer a ese niño. ¡Tenemos que ver qué hacemos!

Justo cuando Josefa terminó de gritar, sonó el teléfono de Vera. Era Eva, la niñera de Mateo.

Vera contestó con las manos temblorosas:

—Eva…

—Señora… la abuela nos corrió a mí y al niño a primera hora de la mañana. Me dijo que le trajera a Mateo y que viera qué hace con él. También… dijo que puede llevarse al niño a donde quiera, pero que la familia Ortega no los va a dejar pisar ni la casa nueva ni la mansión principal. Yo… ¿qué hago, señora?

Vera se quedó paralizada. El celular se le resbaló de las manos y cayó al piso con un ruido seco.

Eva seguía hablando desesperada desde la línea, pero Vera ya no escuchaba nada. Sentía que el mundo le daba vueltas y un zumbido ensordecedor le llenaba los oídos.

***

Por otro lado, Diego acababa de llegar a Grupo Muñoz y apenas se había acomodado en su silla ejecutiva.

Julio entró a toda prisa con dos citatorios judiciales en la mano. Sudaba a mares y tenía cara de pánico:

—Señor Muñoz, llegaron estos citatorios a primera hora. Uno es la demanda de divorcio de la señora Amaya, y el otro es una demanda por disputa de derechos de autor sobre los diseños del Edificio Horizonte…

—Le hemos metido muchísimo dinero al Edificio Horizonte. Si sumamos los materiales de construcción y la mano de obra, llevamos invertidos por lo menos mil millones de pesos. Si su esposa gana el juicio y recupera los derechos del diseño, ¿todo ese dinero se irá a la basura?

Y lo que más lo dejó en shock fue que la prensa extranjera había descubierto que, durante esos veinte años, su padre e Ineta habían tenido tres hijos en secreto en Aquilinia. La mayor ya tenía 20 años y el menor apenas 3.

¡Las fotos de los tres hijos y de Ineta se filtraron desde el extranjero y las redes explotaron! ¡Nadie lo podía creer!

El departamento de relaciones públicas del Grupo Muñoz había colapsado por completo. Los teléfonos no dejaban de sonar, la página web de la empresa se había caído y todos sus perfiles oficiales estaban llenos de insultos de la gente.

Diego tenía el rostro ensombrecido y una mirada cargada de odio.

Lleno de rabia, tiró al piso todo lo que había sobre su escritorio, incluyendo una computadora carísima que guardaba información confidencial del Grupo Muñoz.

Justo en ese momento, Rubén abrió la puerta de golpe, con la cara roja de furia.

Padre e hijo cruzaron miradas. ¡En los ojos de ambos ardía una rabia a punto de estallar!

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