Amaya levantó la vista y se quedó congelada al cruzar miradas con los recién llegados.
Tras unos segundos, respiró hondo para calmarse.
Sofía seguía soltando chismes por el celular, pero Amaya tuvo que interrumpirla:
—Sofi, te tengo que colgar.
—Ahorita te mando una foto. Te juro que esta vez no vas a decir "no manches" mil veces, lo vas a decir un millón de veces.
—¿Eh? —respondió Sofía, confundida.
Amaya la dejó con la duda y cortó la llamada.
Se levantó y miró a los dos hombres que tenía enfrente, ambos tan guapos que parecían modelos de revista. Amaya sintió que el calor le subía a las mejillas y esbozó una sonrisa nerviosa:
—Romeo, ¿acaso él es…?
Romeo sonrió y los presentó:
—Marcos Torres, el abogado más temido y mordaz de Solsepia, socio principal del Bufete Defensa Élite. A partir de hoy, será el asesor legal del Estudio Eje y tu abogado personal.
Amaya pensó un millón de groserías en su cabeza.
¡Era él… Marcos!
No podía creer lo que veía. Inconscientemente se llevó la mano a la boca, tan sorprendida que no lograda cerrarla.
Conocía perfectamente a ese hombre.
En la universidad, él y Romeo eran los reyes de la facultad de derecho, los galanes indiscutibles por los que todas babeaban.
Con su físico atlético, siempre destacaba en los debates y en la cancha de básquetbol. Sofía era su fanática número uno y siempre arrastraba a Amaya para ir a verlo jugar.
En cualquier partido o concurso de Marcos, ahí estaban Sofía y Amaya haciéndole barra en primera fila.
Claro que Amaya siempre iba obligada.
Pero ahora, Marcos la reconoció al instante.
Extendió su mano de dedos largos y pálidos, y le dio un golpecito suave en la frente:
—Conozco a esta chaparrita. En la universidad se la pasaba babeando por mí.
—¿Así que tú eres la que se va a divorciar de Diego?
Esbozó una media sonrisa y un brillo de burla cruzó por sus ojos:

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