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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 224

Mientras Josefa se regodeaba por dentro, Beatriz ya tenía el rostro pálido del coraje, temblando de pies a cabeza.

Vio acercarse a un trabajador con un rodillo y una cubeta de pintura roja.

Sin decir palabra, Beatriz le arrebató el rodillo al trabajador, lo empapó en la pintura roja y se lo restregó sin piedad en la cara a Melina.

—¡Ya me quedó claro cómo educan en la familia Muñoz! —gritó Beatriz—. Si una cuñada soltera es así de venenosa y escupe semejantes barbaridades, ¡ya me imagino cuánto habrá sufrido mi Amaya todos estos años con ustedes!

—Si se atreven a venir a hacer sus berrinches a mi territorio, ¡no me culpen por no tener piedad! —continuó—. Esto es una obra en construcción, no tengo mucho para ofrecerles. Así que los invito a tragar un poco de pintura y comer cemento. Al fin y al cabo, somos familia desde hace años; tómenlo como un regalo de cortesía, ¡espero que lo disfruten!

Beatriz estaba fúrica; empuñaba el rodillo y lanzaba brochazos desesperados contra Melina y Josefa.

En la obra había varios empleados de Oro & Noche ayudando. Al escuchar el alboroto, se acercaron uno tras otro para ver qué pasaba.

Todos ellos respetaban y admiraban muchísimo a Beatriz. Al ver que querían humillar a su jefa, no lo pensaron dos veces; agarraron botes de pintura y cemento fresco, y se lanzaron al ataque.

Para cuando Diego reaccionó e intentó calmar las aguas, la situación ya se había salido de control.

Ellos eran solo tres, mientras que del otro lado había más de diez personas lanzándoles pintura y cemento. Tuvieron que retroceder, incapaces de defenderse.

En cuestión de segundos, la ropa de diseñador de los tres quedó cubierta por plastas de cemento y manchas de pintura.

El rostro de Josefa se desfiguró del coraje y su voz se volvió aguda:

—¡Beatriz! ¡Tú... diles que se detengan de una buena vez!

Melina tenía la boca llena de pintura, ni siquiera podía insultar. Se cubrió el rostro y echó a correr desesperada, pero al llegar a las escaleras, el tacón se le atoró en una varilla y se fue de boca, dándose un tremendo porrazo en el suelo.

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