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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 455

Una vez que Diego se marchó, en la habitación del hospital solo quedaron Amaya, Romeo y la pequeña Reni, que dormía plácidamente.

Amaya sostenía a su hija en brazos. Mientras acariciaba con delicadeza la piel suave de sus mejillas, los ojos se le llenaron de lágrimas al instante.

Era una criatura de apenas cuatro meses, que debería estar envuelta en mantas, ajena al sufrimiento, y en lugar de eso tenía que lidiar con riesgos tan graves.

No quería ni imaginar lo peor. Con solo pensarlo, sentía que le clavaban dagas en el corazón.

—Romeo, dime, si de verdad Reni tiene...

Su voz se quebró y no fue capaz de pronunciar la palabra.

Al notar cómo le temblaban los hombros, Romeo le ofreció un pañuelo de papel con el corazón encogido, manteniendo una voz calmada pero firme:

—Ami, mírame.

Amaya alzó la vista y se encontró con su mirada inquebrantable.

—El doctor solo dijo que es un posible diagnóstico, no hay nada confirmado.

Pronunció cada palabra con claridad y aplomo.

—La medicina moderna es muy avanzada. E incluso si lo fuera, hay muchísimos tratamientos. Lo que tienes que hacer ahora es mantenerte entera. Reni te necesita.

Amaya se limpió la nariz y asintió por instinto.

Romeo prosiguió:

—Además, no estás sola. Pase lo que pase, yo estaré a tu lado. No te preocupes por el dinero, yo... nuestro estudio te apoyará en todo lo que necesites.

Había estado a punto de decir 'yo', pero logró frenarse justo a tiempo.

Amaya se quedó paralizada.

En los ojos de Romeo no había rastro de compasión vacía, solo una genuina preocupación y una disposición absoluta de hacerse cargo.

Era como si le estuviera diciendo que, si el mundo se venía abajo, él estaría allí para sostenerlo.

Pero ellos... solo eran amigos.

—Romeo, gracias.

Su voz estaba rasposa.

—Pero esto es un asunto entre Reni y yo, no tienes por qué...

—Claro que sí.

Romeo la interrumpió con total naturalidad.

—Ami, solo mírame como a un viejo amigo que se preocupa profundamente por ti. Hago esto con gusto.

El corazón de Amaya dio un vuelco.

Al mirarlo, aquella ternura y determinación en su mirada se sintió como una ráfaga de luz que disipó un poco la oscuridad de su interior.

Sintió un nudo en la garganta y casi rompe a llorar nuevamente.

—Basta de esto.

Romeo cambió de tema en el momento justo.

El auto siguió su curso, en dirección a Santa Lucía.

-

Mientras tanto.

Luego de llamar a Amaya innumerables veces sin éxito y de ver cómo Romeo le colgaba el teléfono, Diego perdió completamente los estribos.

Una sonrisa lúgubre se dibujó en sus labios, mientras que en su mirada solo quedaba furia y amargura.

—¡Pum!

Aún llevaba en la mano el pollo frito y el café con leche que había ido a comprarle a Amaya a su cafetería favorita.

Consumido por el enojo, agarró la bolsa de comida y la lanzó sin miramientos dentro del contenedor de basura.

¡Amaya había trasladado a Reni sin decirle una sola palabra!

Quedaba claro que, desde el primer momento, jamás lo había tomado en cuenta como el padre de la niña.

Con la salud de Reni pendiente de un hilo, ¿adónde se la habría llevado?

Con el rostro ensombrecido, Diego le ordenó a Julio de inmediato que investigara a dónde se habían ido.

Se quedó fumando en las escaleras de emergencia del hospital.

Había consumido tres cigarrillos enteros, y el nivel de ira en su pecho no disminuía ni un poco.

En eso, Julio apareció corriendo, sudando la gota gorda y con la respiración entrecortada:

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