Tal como lo había previsto, todo estaba saliendo exactamente como lo imaginó...
Apenas llevaba unas horas "muerta", su cuerpo ficticio ni siquiera se había enfriado.
Y sin embargo, esas personas no habían perdido el tiempo; corrieron ansiosas a Villa Jardín del Edén para brindar con champán.
Después del último incidente con las cámaras, Diego había ordenado desinstalar toda la seguridad de la villa.
Pero lo que él ignoraba era que, una vez que la propiedad pasó a nombre de Amaya, ella volvió a instalar un sistema de vigilancia de alta tecnología.
Su intención original era proteger la casa de robos, ya que pasaba mucho tiempo vacía.
Nunca se imaginó que terminaría grabando una telenovela tan patética.
A través de las cámaras, cada palabra venenosa quedó registrada con una claridad impecable.
Y esto solo le confirmó a Amaya que el atentado en Aquilinia no fue obra exclusiva de Dante Ramos; había sido una conspiración en conjunto.
Amaya observaba todo en absoluto silencio, con el rostro inescrutable.
Solo cuando Josefa mencionó que Diego "por fuera siempre tiene que fingir", los labios de Amaya se curvaron en una sonrisa cargada de sarcasmo.
Nadie conoce mejor a un hijo que su madre.
Josefa lo conocía mucho mejor de lo que él se conocía a sí mismo.
La verdadera frialdad de una persona es algo que ninguna educación o entorno puede cambiar.
Tanto Diego como el señor Muñoz, e incluso Melina y Leonor, vivían única y exclusivamente para sí mismos. El egoísmo lo llevaban tatuado en el ADN.
Amaya desvió la mirada hacia Paula Muñoz.
Ella seguía sentada en un rincón abrazando a un perro, con una expresión melancólica, y Amaya se preguntó si realmente estaba sintiendo su "muerte".
Tal vez, dentro de la familia Muñoz, la única con un poco de corazón era esa hermana silenciosa que siempre pasaba desapercibida.
Para los demás, lo único que importaba era el dinero.

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