Era difícil describir con palabras cómo se sentía Diego en ese momento.
Aturdido, empujó la puerta y caminó hasta el escritorio donde Amaya solía trabajar. Al ver la silla y la mesa vacías, no pudo evitar que la tristeza lo invadiera.
Ella era una mujer orgullosa, valiente, sensata e independiente.
Se había esforzado tanto por ser vista, por ser reconocida, apreciada y comprendida por él.
Había luchado tanto por alcanzar sus sueños, trabajando casi todos los días hasta la madrugada, los trescientos sesenta y cinco días del año, sin descanso.
Cada vez que terminaba un proyecto, se lo mostraba emocionada para escuchar su opinión... Él todavía recordaba el brillo y la chispa en sus ojos cuando le explicaba las ideas de sus diseños.
Pero, ¿y él? Él casi nunca le dio su reconocimiento.
Prácticamente siempre, desde su posición de superior y arrogante, le destrozaba el trabajo criticándola, le regresaba los planos y le decía que dejara de intentar ser extravagante, que se limitara a cumplir con los diseños comunes y corrientes que la empresa pedía.
No era que él no viera el increíble talento en sus obras.
Era solo que, en esos cinco años, él siempre asumió que ella era demasiado inexperta, que le faltaba madurez. Tenía miedo de que no pudiera con el peso de proyectos grandes de infraestructura, por lo que la rechazaba una y otra vez.
Él solo quería que ella tuviera los pies en la tierra, que no se le subieran los humos. La frenaba constantemente para bajarle los ánimos y enseñarle que siempre había alguien mejor en el mundo.
Ella pasó cinco años bajo su mando hasta que, finalmente, con su permiso, pulió los extraordinarios planos del Edificio Horizonte... Y fue solo porque él consideró que ella ya tenía el nivel suficiente para subir a una plataforma mayor.
Él creía que el Edificio Horizonte era el límite de ella, pero hasta ahora descubría que esa era solo una de sus tantas obras de los últimos cinco años.
A través de Estudio Eje, ella ya había convertido el nombre de "May" en una leyenda en la industria...
Él ya había escuchado hablar de esa diseñadora fuera de serie llamada "May", pero jamás la había asociado con su Amaya.
En ese momento, Diego sentía un nudo asfixiante en el estómago; una pesadez en el pecho que apenas le permitía respirar, como si se estuviera ahogando.


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