Julio no se atrevió a replicar y se hizo a un lado apresuradamente para hacer las llamadas.
Antes de que Diego terminara su taza de café, Julio ya se había comunicado con las tres inmobiliarias. Volvió ante Diego sudando frío y con evidente nerviosismo para darle el reporte:
—Señor Muñoz... acabo de avisarles a todos, pe... pero...
Diego lo fulminó con la mirada:
—¡Ve al grano!
—Me dijeron que los contratos ya pasaron por todo el proceso, que la alianza ya es un hecho y que la ceremonia de mañana es puro trámite. Además, dijeron que...
A Diego le palpitaban las sienes:
—¿Qué más dijeron?
Julio sudaba a mares, y las piernas le temblaban ligeramente:
—Dijeron que si usted se opone rotundamente, prefieren que les cancelen su membresía en la Asociación Inmobiliaria antes que perder el trato con Estudio Eje.
—Según ellos, los planos de Estudio Eje tienen una calidad superior que toda la industria reconoce. Dijeron que colaborar con ellos es un honor y que por nada del mundo dejarían pasar una oportunidad de firmar a largo plazo.
Diego se quedó completamente estupefacto.
Se hizo un silencio absoluto en la oficina, mientras él procesaba el golpe.
Nunca se imaginó que los presidentes de esas tres inmobiliarias, que hace poco lo llamaban amigo y juraban lealtad y cooperación, le darían la espalda tan rápido, prefiriendo perder su lugar en la asociación con tal de trabajar con Estudio Eje.
¿Entonces, para ellos su autoridad ya no valía nada frente a Romeo?
Que Amaya se hubiera vuelto socia de Romeo era una cosa, pero ¿su prestigio, el lugar que con tanto esfuerzo se había ganado en el mundo de los negocios, también estaba siendo amenazado por él?
¿Cómo era posible que un despacho de diseño pequeño y desconocido tuviera a tres de sus empresas aliadas rogándoles por un contrato, arriesgándose a ganarse su enemistad?

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