Amaya se inclinó de repente hacia Josefa, con una mirada más afilada que nunca.
—¿Qué me va a dar miedo? Ya nos vamos a divorciar, ¿qué más da eso?
Una sonrisa llena de ironía se dibujó en sus labios.
—Por mí dile a Diego que, desde el día uno, a Amaya solo le interesaba su dinero. Ahora que tuve a nuestra hija, pienso sacarle todo lo que nos debe a las dos.
—Aunque él mismo estuviera parado frente a mí, le repetiría estas palabras punto por punto.
Amaya se rio con frialdad; su mirada se clavó en Josefa como una flecha.
Josefa se quedó muda del impacto, escudriñando a Amaya de pies a cabeza sin poder creerlo.
¿Acaso dar a luz la había transformado en otra persona? ¿Esa era la misma mujer que siempre agachaba la cabeza cuando la tenía enfrente?
En la puerta, una silueta alta y oscura aguardaba en completo silencio.
Diego había alcanzado a oír perfectamente todo lo que Amaya acababa de decir.
Había un asombro profundo en sus ojos.
De no haberlo escuchado en persona, jamás creería que aquellas palabras salieron de la boca de su esposa.
Esa chica que para él era reservada, humilde y que nunca le dio importancia a las joyas caras o marcas finas... ¿Cómo era capaz de hablar así?
¿Qué le había picado para ponerse en ese plan?
Un montón de dudas inundaron la cabeza de Diego.
Mientras estaba sumido en sus pensamientos, un grito repentino desde el interior lo trajo de vuelta a la realidad.
Alzó la mirada y alcanzó a ver cómo Josefa le soltaba un manotazo a la cara de Amaya, pero esta la agarró de la muñeca y la jaló con tanta fuerza que casi le estrella la cabeza contra el borde de la cama.
Diego se acercó de un brinco y tiró de Josefa, acomodándola detrás de él.
Volteó a ver a Amaya con una furia automática, pero su coraje se evaporó de inmediato al ver aquellos ojos cargados de un odio congelado.
—Ami... —murmuró, casi sin querer, todavía asombrado.
—No pienso borrar lo de Vera. Si no quieres que lo suba a internet, échame cincuenta millones de pesos en mi cuenta y ahí muere. —Amaya miró a Diego de frente, con esos ojos que no reflejaban ninguna emoción.

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