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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 271

Diego se quedó petrificado.

Al verse lleno de leche y notar lo mal que se sentía su hija, le cayó el veinte de que había subestimado por completo lo difícil que era cuidar a un bebé.

Al ser tan pequeña, ni siquiera podía decir qué le pasaba; él estaba acorralado, sin la menor idea de qué hacer.

Con los gritos tan agudos de la niña, Josefa bajó corriendo las escaleras, envuelta en su bata de dormir.

Cuando vio a Diego hecho un desastre y a Renata con la carita roja del llanto, Josefa se apresuró a traer unas toallas para limpiarle la ropa a su hijo.

Luego, agarró a Renata con cara de asco:

—¡Ay, por Dios! ¡Está empapada de leche! ¿Qué... qué le hacemos? ¡Marta! ¡Elena! ¿Qué hacen ahí paradas? ¡Vengan a llevársela rápido!

Josefa sostenía a Renata casi con las puntas de los dedos, estirando los brazos lo más posible para no mancharse.

Marta y Elena, las empleadas de la casa principal que estaban viendo todo de lejos, por fin se animaron a acercarse. Elena cargó a la niña:

—Mejor hay que cambiarle la ropita a Renata, señora. Yo digo que hasta un baño le caería bien; la leche se le metió hasta el cuello, y si no la bañamos, va a oler muy mal.

Marta se asomó a ver y arrugó la nariz:

—Sí, necesita baño. Ahorita traigo la tina y preparo agua calientita. Ya que la bañemos y se sienta cómoda, va a dejar de llorar.

Para ese momento, Diego ya estaba pegado al celular buscando en Google por qué vomitan los bebés.

En internet decían de todo: unos que por el frío, otros que porque el estómago no estaba bien maduro... Diego se preocupó todavía más.

No sabía si era buena idea bañarla; si se había enfermado por el frío, un baño a esas horas seguro la empeoraba.

Por instinto, pensó en hacer una llamada para consultar qué hacer, pero de inmediato recordó que le había jurado a Amaya que iba a cuidar perfecto a Renata.

Si llamaba para pedir ayuda ahora, existía el riesgo de que la noticia llegara a Amaya, y ella se pondría como loca de la preocupación.

—Ay, qué cosita, la verdad es que cuando no está haciendo sus berrinches es bastante linda. ¡Mírenla qué gordita, con las lonjitas en las piernas y en los brazos! Qué chistosa. ¡Báñenla un ratito más, quiero grabarle un video para subirlo a Instagram!

Se hizo un breve silencio mientras ella seguía grabando.

Josefa estaba encantada con lo tierna que se veía la niña. Grabó un montón de videos de un jalón, los mandó a todos sus grupos de WhatsApp y, por supuesto, los subió a su Instagram.

Marta y Elena querían apurarse, bañar a Renata y cambiarla rápido, pero como Josefa estaba tan emocionada, no se atrevieron a decir nada y se quedaron bañando a la bebé durante más de diez minutos.

Hasta que el agua en la tina empezó a enfriarse, Marta por fin se animó a decir algo:

—Señora, ya hay que sacarla, el agua se está enfriando.

Josefa por fin guardó el celular, muy satisfecha, y empezó a dar órdenes:

—Sale, envuélvanla y pónganle otra ropita. Así limpiecita y oliendo rico, sí me animo a cargarla. Me acuerdo cuando Diego era bebé, estaba igualito, todo gordito, hasta más fortachón que ella. ¿Verdad que sí se acuerdan?

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