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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 759

Al principio, Amaya se sintió apenada.

Pero en un abrir y cerrar de ojos, recuperó la compostura. Se dio cuenta de algo: Romeo lo estaba haciendo a propósito.

Había venido en bata justo después de bañarse, a propósito.

El cinturón mal amarrado y la bata que se abría "por accidente"... todo era a propósito, solo para llamar su atención.

Él... estaba intentando seducirla.

Al entender su jueguito, Amaya dejó que sus ojos se pasearan por su torso durante apenas un segundo.

Luego, clavó su mirada directamente en los ojos de Romeo.

Se cruzó de brazos, levantó una ceja y le dedicó una sonrisa llena de ironía:

—Romeo, creo que tu bata es de muy mala calidad. ¿Cómo es que se te abre tan fácil?

—Aunque bueno, la afortunada soy yo. No todos los días se disfruta de una vista tan apetitosa.

Dicho esto, Amaya dio un paso al frente y levantó las manos.

Romeo, que estaba esperando ver a Amaya ruborizada, fue el que se puso nervioso. Instintivamente, dio medio paso hacia atrás.

La nuez de su garganta se movió, y la seguridad con la que había entrado se esfumó en un segundo.

Amaya disfrutó viéndolo perder la calma y su sonrisa se hizo más amplia.

Se acercó aún más, invadiendo su espacio, y llevó las manos directamente hacia los bordes abiertos de su bata.

Romeo se quedó sin aire, su voz salió rasposa:

—Ami, ¿qué...?

Ahora era él quien se sentía acorralado. Intentó cerrar su bata con torpeza, con las orejas ardiendo de rojo.

—Quieto. Yo lo hago.

Amaya habló con total naturalidad, deteniendo sus manos. Tomó los extremos del cinturón y, con agilidad, los ató firmemente, terminando con un lindo y ajustado moño.

—Romeo, tus tácticas de seducción necesitan mejorar muchísimo.

—Mírate, ¿por qué te pones tan rojo?

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