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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 30

A partir de ese mismísimo día, supo perfectamente lo que era enamorarse de alguien.

Cayó redondita y se clavó por completo con la madurez, la inteligencia y el porte que él derrochaba.

Al terminar la entrevista, él le entregó su tarjeta de presentación y, en un gesto cariñoso, le revolvió un poco el cabello:

—Eres muy simpática, pero las preguntas que me hiciste fueron bastante profundas. Si necesitas aclarar algo más, puedes marcarme cuando quieras.

Su voz sonaba profunda, magnética y con un toque de dulzura casi imperceptible.

En ese instante, Amaya sintió que el cielo se abría ante sus ojos.

Tomó la tarjeta con mucha cautela, pero al rozar accidentalmente los dedos de él, sintió un chispazo que le recorrió todo el cuerpo.

Para poder acercarse a él, empezó a seguirle los pasos de forma casi obsesiva:

Sabía de memoria todos los diseños que dirigía, las corrientes de arquitectura que admiraba y los congresos a los que iba.

Se inscribió como oyente en Arquitectura y se pasó las madrugadas tragándose libros pesadísimos de la carrera nomás para poder entender el mundo a través de sus ojos.

Apenas se graduó, ignoró los regaños de su mamá y se metió al Grupo Muñoz. Empezó desde abajo como becaria, luego pasó a ser asistente y al final ya andaba manejando sus propios proyectos. Cada logro le había costado sudor y lágrimas.

Ella llegó a creer que, si se rompía el lomo lo suficiente, algún día podría estar a su nivel y compartir el mismo camino.

Convertirse en su esposa le pareció un verdadero sueño hecho realidad.

En esos últimos cinco años, siempre que se despertaba en la madrugada y lo veía ahí a su lado, se quedaba maravillada y pensaba... ¿neta me casé con el hombre de mis sueños?

—Este ginseng es una maravilla. Apenas corté dos pedacitos para hacerme un té y ya siento que me devolvió el alma al cuerpo. Qué lástima que no pudiste probar algo tan exquisito, jajajaja...

Amaya, que ya había aprendido la lección, En cuanto escuchó esa risa chillona, le dio de inmediato al botón de grabar.

—Mi primo me explicó que este ginseng lo compró originalmente para mí, y como creyó que no lo necesitaba, te lo ofreció a ti. Pero ya ves, como sí me hace falta, obvio me dio la prioridad. La verdad es que a él ni le importa cómo estés de salud.

—Ay, Amaya, la verdad das un poquito de lástima. Terminaste siendo mi simple sombra estos cinco años. Pero, no te me achicopales. Al final del día, cualquier mujer se moriría por andar con un hombre como Diego. Acostarte con él por cinco años ya es mucha ganancia para ti, ¿no crees?

—Diego me trata como a una reina, Romeo hace todo lo que le digo, y la familia Ramos me cuida como oro. Amaya, si se te ocurre hacer pública alguna grabación, te juro que tengo cien formas diferentes de acabarte a ti y a tu amiguita. Si no me crees, ponme a prueba.

—En unos días, cuando me reponga bien, Diego me va a meter al Grupo Muñoz. Voy a quedar como la diseñadora principal del proyecto del Edificio Horizonte, un puesto por encima de ti. Supongo que ya viste el memorándum, ¿verdad? No importa cuánta vida le hayas dejado al proyecto estos últimos cinco años; cuando se termine de construir el Edificio Horizonte, todo el mundo creerá que la arquitecta estrella fui yo. Jajajaja...

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