La llamada se cortó.
A Amaya le temblaban los dedos mientras sostenía el celular; la rabia se encendió por completo en su interior.
Aquello de «cuidarla por su amigo» o el supuesto «cariño de hermanos» resultaba ridículo y patético ante la descarada declaración de Vera.
Respiró hondo; se sentía tan frágil como el cristal, pero la determinación en su mirada era más fuerte que nunca.
—Edificio Horizonte... —murmuró Amaya, y el fuego en su mirada se transformó en un frío penetrante.
Ese era el proyecto más importante de Grupo Muñoz este año, la obra a la que le había dedicado dos años enteros de su vida.
Desde el estudio del terreno y el diseño conceptual hasta las propuestas que rehízo una y otra vez; había pasado innumerables noches en vela y modificado miles de planos.
Cada dato, cada línea tenía impregnado su esfuerzo.
Incluso al principio de su embarazo, soportó las náuseas frente a la computadora para perfeccionar el modelo estructural.
Casi pierde a su bebé por este proyecto... y Diego, sin siquiera consultarle, metió a Vera para convertirla en su jefa directa.
No solo demostraba que no la amaba, sino que la estaba acorralando sin piedad.
Amaya suspiró profundamente y apoyó su cuerpo débil contra la fría pared para obligarse a mantener la calma.
Cinco años... cinco años enteros de sacrificio; ya era hora de abrir los ojos.
No volvería a ser la parte sumisa en esa relación. Ya que todo su esfuerzo no lograba ni una pizca de empatía de su parte... recuperaría todo lo que le pertenecía sin dudar.
De ahora en adelante, no cedería ni un milímetro más, y dejaría de amar y sacrificarse.
[Diego, todo el amor que sentía por ti se termina aquí].
Se apoyó en la pared y avanzó lentamente hasta el escritorio. Encendió la computadora y abrió un disco de respaldo oculto en una carpeta encriptada.
Ahí estaban los archivos originales de todo su trabajo de los últimos cinco años.
Eso incluía los bocetos, el historial de cambios, las minutas de reuniones y todos los correos con los socios del Edificio Horizonte desde el día uno.
Eran las pruebas irrefutables de que ella era la verdadera mente maestra detrás de ese diseño.
Tras clasificar, comprimir y poner marcas de tiempo precisas a los documentos, los subió a la nube.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta