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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 32

El único problema era que la familia Muñoz, la familia Ortega y la familia Ramos quedarían en el ojo del huracán, y con el poder que tenía cualquiera de ellas, podrían borrar a Amaya del mapa en un abrir y cerrar de ojos.

Como Amaya nunca había sido tan agresiva, Sofía no pudo evitar preocuparse.

—Tranquila, si me atrevo a hacer esto, es porque no les tengo miedo. —Amaya hizo una pausa y, un segundo después, levantó la vista hacia la ventana—. En todos estos años, mi mamá y yo nos las hemos arreglado solas y aguantamos mucho en Solsepia, pero eso no significa que... no tengamos más familia.

Hubo un tiempo en el que la palabra «familia» solo le transmitía frialdad y lejanía.

Sin embargo, ahora, al recordar la llamada internacional que recibió el día del parto, sintió un calor reconfortante en el pecho.

Sofía se quedó bastante desconcertada.

—¿Más familia? Cuando tu papá quebró, ¿no se fue al extranjero con tu tía y tu hermano? Todos le dieron la espalda a tu mamá, y como estaba hasta el cuello de deudas, no le quedó de otra más que meterse al negocio de las bebidas para bares. ¿De dónde sacas que tienes más familia?

—Sí la tengo, ahora la tengo —respondió Amaya, y una sonrisa se dibujó en sus labios de forma instintiva.

No solo la tenía, sino que estaba segura de que él la protegería de todo en este mundo.

A Sofía le ganó la curiosidad.

—¿Quién es? ¡Dime, ya me dejaste con la duda!

Nadie sabía mejor que Sofía por todo el infierno que habían pasado Amaya y su mamá para llegar hasta donde estaban.

Precisamente por eso, nunca la había dejado sola en todos esos años.

A diferencia de Amaya, la vida de Sofía como hija única en Solsepia, con un padre político y una madre abogada, había sido un verdadero paraíso.

Amaya se rio y decidió dejarla en suspenso:

—Todavía no es momento de decírtelo. Cuando llegue el día, lo sabrás.

Sofía se desesperó.

—¡Ay, no manches! ¿Cómo me dejas a medias? Qué estrés, ¿qué está pasando? ¿A poco tu hermano, el que se fue al extranjero, ya se hizo rico?

Amaya sostuvo la mirada curiosa de su amiga y le susurró un nombre al oído.

Amaya se rio ante su reacción y le dio un buen pellizco en la pierna.

—¿Te dolió? Si te dolió, entonces no es un sueño.

—¡Ay! —gritó Sofía a todo pulmón.

Tras el alarido, soltó una carcajada y abrazó con fuerza a su amiga.

Todas las preocupaciones que traía atoradas sobre el futuro de Amaya y Reni, o sobre si Beatriz aguantaría los ataques de las tres familias... ahora se esfumaban por completo.

—Ami, si tienes a alguien tan pesado cuidándote la espalda, ya no le tengas miedo a nada, ¡ponte al tú por tú con ellos! —la animó Sofía—.

Y se me hace que cien millones es muy poco, deberías pedirle por lo menos trescientos. Esa vieja te hizo la vida imposible estos cinco años, ¡ya te tocaba desquitarte!

Entre más lo pensaba, más se emocionaba, y se puso a dar vueltas por la recámara pavoneándose como si fuera la dueña del mundo.

Al verla, Amaya no pudo aguantar la sonrisa; después de tantos días de angustia, al fin sentía un verdadero alivio en el pecho...

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